FLAVIA DA RIN

Nací el mediodía del  7 de mayo de 1978.

Vivo y trabajo en una casa en el barrio de Chacarita, Buenos Aires.

Estudié 5 años Pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. A partir de 1998 comencé a volcarme a la fotografía y al uso de los programas de edición digital. En 2000 adquiero mi primera cámara digital de 2.1 Mega pixels y hago mi primera muestra individual en el sótano de una casa de ropa.

Hice clínica de obra y talleres con Diana Aisenberg, y participé del Programa para las Artes Visuales Kuitca/CC Rojas 2003-2005.

Participé en las Bienales de Cuenca (Ecuador) y Busan (Corea del Sur), en ferias y exposiciones individuales y colectivas dentro y fuera de Argentina.

FLAVIA DA RIN CV

Exposiciones individuales

2014
Terpsicore entreguerras, Ruth Benzacar Galería de Arte, Buenos Aires, Argentina

2013
Independence Day, exhibición conjunta con Eva Hassmann, Bötzow Berlin, Berlín, Alemania.

2012
El misterio del niño muerto (itinerancia): Centro Cultural de España, Córdoba, Argentina. MAC – Museo de Arte Contemporáneo, Salta, Argentina.

2011
Flavia Da Rin, Galería Distrito 4, Madrid, España.
Flavia Da Rin, MAS – Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria, Santander, España.

El misterio del niño muerto, Fundación La Capital, Rosario, Argentina.

2010
Stockphoto, intervención en el Departamento de arte de la Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires, Argentina.
Algunas obras 2003-2007, en el marco de BA Photo 2010, Buenos Aires, Argentina.
La niña de la luna, video e instalación para la “Vitrina de Artista”, a partir de un texto de Inés Acevedo y con la colaboración de Mateo Amaral Junco, en las vidrieras de la Boutique Hermès, Buenos Aires, Argentina.

2008
El misterio del niño muerto, Galería Ruth Benzacar, Buenos Aires, Argentina.
Flavia Da Rin: Eyes Wide Open, Speed Art Museum, Louisville, Kentucky, EstadosUnidos.
Discovery & Journey, Third Floor – Hermès Gallery, Singapur.

2007
Flavia Da Rin, DPM Gallery, Miami, EstadosUnidos.

2004
Flavia Da Rin, Galería Ruth Benzacar, Buenos Aires, Argentina.

2003
Santos, BoquitasPintadas Pop Hotel, Buenos Aires, Argentina.
Flavia Da Rin, Casona de los Olivera, Buenos Aires, Argentina.

2000
Espacio de arte Juana de Arco, Buenos Aires, Argentina.

Exposiciones colectivas

2016
200 años : Pasado Presente y Futuro, Centro Cultural Kirchner , Buenos Aires,  Argentina.

2015
Diagonal Sur- Arte argentino hoy , Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina
My Buenos Aires, La Maison Rouge, Paris , Francia

2014
CAMERA AS RELEASE: Photographer as Performer in the JPMorgan Chase Art Collection, Paris Photo, Paris, Francia
El teatro de la pintura, Museo de arte Moderno , Buenos Aires,  Argentina
Empujar un ismo, Museo de Arte Moderno, Buenos Aires , Argentina
Bellos Jueves 5ta edición, MuseoNacional de BellasArtes , Buenos aires, Argentina

2012
True Blue, Ivo Kamm Gallery, Zurich, Suiza.
Adquisiciones, donaciones y comodatos 2011, MALBA, Museo de Arte Lationamericano, Buenos Aires, Argentina.

2011
Private/Corporate VI – The Collection Juan and Patricia Vergez, Buenos Aires, en diálogo con The Daimler Art Collection, Stuttgart- Berlin, Berlín, Alemania.
Lo cotidiano de 12 artistas, MAC, Museo de Arte Contemporáneo, Salta, Argentina.

2010
La acción y suregistro, Fundación Federico Jorge Klemm, Buenos Aires, Argentina.
Otaku, Fundación Federico Jorge Klemm, Buenos Aires, Argentina.
Entre-medios, BuschlenMowatt Galleries, Vancouver, Canadá.

2009
Biopoder, GaleríaVértice, Perú.
Vamos, GaleríaNueveochenta, Bogotá, Colombia.
Argentina hoy, Banco do Brasil,San Pablo, Brasil.
Borderless Generation – Young Artists in Latin America, Korea Foundation Cultural Center, Seúl, Corea del Sur.

2008
(Untitled) u = ____ [a photographic group show], Fette ́s Gallery, California, EstadosUnidos.
Urgenciassubjetivas, Centro Cultural de España, Buenos Aires, Argentina.

2007
Frauenbilder – Bilder von Frauen, KunsthalleLingen, Alemania.
Il settimosplendore, Palazzo dellaRagione, Verona, Italia.IX
Bienal de Cuenca, Ecuador.
Altar Girls, Museum of the Americas, Denver, Colorado, EstadosUnidos.

2006
Colectiva de fotografía, Galería Ruth Benzacar, Buenos Aires, Argentina.
Fai da te. Il mondodell’artista, Galerie Anita Beckers, Chiesa di San Paolo, Módena, Italia.
CAFE1 – Contemporary Art Exhibition, Busan Biennale 2006, Busan, Corea del Sur.
Rembrandt examinado, MuseoNacional De BellasArtes, Buenos Aires, Argentina.
Herederos del pop, Galería Animal,
Santiago de Chile, Chile.
PORTRAITS – The View Behind the Make-up, Galerie Anita Beckers, Frankfurt, Alemania.
Full House – GesichtereinerSammlung, Kunsthalle Mannheim, Mannheim, Alemania.

2005
De rosas, capullos y otrasfábulas, Fundación PROA, Buenos Aires, Argentina.
Fotografíacontemporáneaargentina, DPM Gallery, Guayaquil, Ecuador.
NuevasAdquisiciones, MALBA, Museo de Arte Latinoamericano, Buenos Aires, Argentina.

2004
NOTANGO, Villa Elizabeth, Berlín, Alemania.
Colección del Mamba II Fotografía, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.
Civilización y barbarie, organizado por Cancillería Argentina. Itinerancia 2004: Espaço Cultural Renato Russo, Brasilia. MuseoNacional de Arte Moderno “Carlos Mérida”, Guatemala. Itinerancia 2005: Museo del Canal, Panamá. MuseoSofíaÍmber, Caracas, Venezuela. Museo de Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, Chile.

2003
Colectiva, Centro Cultural Nordeste de Resistencia, Resistencia Chaco, Argentina, mayo 2003. Museo de BellasArtes J.R. Vidal, Cor- rientes, Argentina, junio 2003.
Proyecto Argentina, ColecciónTántica, Juan Vergez, Miami, EstadosUnidos.
BAF Buenos Aires Fashion Week – Lee Jeans, Galería Ruth Benzacar, Buenos Aires, Argentina.

2002
Currículum 0, Galería Ruth Benzacar,
Buenos Aires, Argentina.
Colectiva, Galpón de EstudioAbierto, Buenos Aires, Argentina.
Pleimovil- vernissageitinerante, EstudioAbierto, Buenos Aires, Argentina.

Premios

“Ignacio Pirovano” al artista joven del año 2008, Asociación Argentina de Críticos de Arte

 

Selección de Obras

Textos

EL CUERPO DE LA TRANSGRESIÓN, Valeria González, 2014

Galería Benzacar, agosto de 2014. Flavia Da Rin nos enfrenta a un vuelco inesperado. La escala se redujo, se retiró el color, y con él la estridente y fantasiosa parafernalia que tan bien conocíamos y cuya memoria torna sorprendente la concentración casi ascética de estas nuevas escenas.

Sí, las evidencias visuales son muchas, pero importan en tanto encarnan un verdadero desplazamiento conceptual. Por primera vez, la fotografía, más que soporte, se convierte en referente. Es la fotografía documental moderna la que alienta este nuevo lenguaje monocromático y sucinto. Más aún: por primera vez, la obra de Flavia Da Rin apunta hacia el pasado. Porque antes la historia del arte entraba como uno más de los códigos erradicados que la cultura posmoderna combina libremente en tanto los ha vuelto signos equivalentes de un eterno presente. Tenemos razones para sospechar, incluso, que esta nueva serie pone un freno a esa lucha desenfrenada contra la obsolescencia a la que estamos sometidos.

La feminidad sigue siendo su tema. Pero en la obra anterior se trataba del estereotipo de la Young-Girl, que no es ni necesariamente joven ni una chica, sino el modelo del ciudadano consumidor *. Flavia Da Rin deja de encarnar las mil caras de ese personaje ubicuo y se mete en los registros históricos de mujeres reales. Lizica Codreanu, Giannina Censi, Mary Wigman… todas ellas podrían ser también un único personaje que atraviesa décadas y países, pero la ficción es aquí relativa pues no hace más que jugar a unir los matices de un mismo proceso, de un mismo conflicto.

Es sospechoso el silencio que recubrió el rol de las mujeres en las vanguardias históricas. Si en el escenario principal, el acto de destrucción del “gran” arte, era ejercido por sus legítimos dueños, ellas poseían la llave de una bambalina trasera. Transgrediendo las reglas del ballet (el deber del decoro asignado a las mujeres en el teatro social), ellas pusieron el cuerpo, no solo en medio de las maquinarias futuristas y las máscaras expresionistas, no solo en medio del absurdo dadaísta y de las geometrías constructivas, sino también, como Valeska Gert, en lugares extremos que la historia de la cultura registraría décadas más tarde, como el grado cero del acto conceptual o el crudo exhibicionismo del movimiento punk.

Flavia Da Rin les rinde homenaje en el mejor sentido. No se trata de “reversionar” una fotografía encontrada sino de volver a encarnar una experiencia. La posproducción digital, que en la obra anterior era un lenguaje, vuelve a ser aquí solo una herramienta, un medio. Todo lo importante se dirime en la aventura teatral: el esfuerzo de las poses, los diálogos entre el cuerpo, el espacio y los objetos, el diseño de vestuarios, la composición escenográfica.

Aquellas situaciones pueden volver a ser vividas porque hay un documento, un rastro material del pasado, porque no todo ha sido absorbido por la cultura del simulacro y la hipermaquinaria del eterno presente. La producción de Flavia ha sido siempre intensa y alegre, pero ésta lo es más. “Es su obra maestra”, pensé ayer. Después, ahuyenté ese pensamiento para dejar que en el futuro sus imágenes me sigan desafiando.

EL MISTERIO DEL NIÑO MUERTO / FLAVIA DA RIN, Inés Katzenstein

Larger than life
Considerando el panorama del arte actual, lo que vuelve única la obra de Flavia Da Rin es que, a pesar de sus constantes referencias a la historia de la pintura, con sus ninfas mitad propaganda de shampoo y mitad Botticceli, el punto de vista de esta artista no es el del arte contemporáneo. Si por lo general los artistas se alimentan de la tremenda energía pop que irradia el mundo circundante, la calle, las películas, la publicidad, Internet, dejando bien claras las diferencias entre dicho mundo y el campo del arte, Da Rin, en cambio, trabaja desde esa energía pop: desde los códigos de la televisión, el cine, la publicidad, la moda, el animé y la caricatura, prescindiendo de los tics del arte con una soltura y una certeza inusuales. En este sentido, Flavia es una artista que trabaja sin miedo a patinar por los precipicios infinitamente seductores de la cultura visual y el espectáculo, y es esta característica la que vuelve su obra tan icónica, tan inmediatamente atractiva, y a la vez, la aleja de sus colegas que, aunque se alimentan de la misma cultura visual, la elaboran a través de estrategias eminentemente conceptuales, o bien se identifican con las grietas y disfuncionalidades del sistema y no con sus seducciones. Flavia, con toda su timidez y su tristeza, tiene vocación mainstream.

En la elaboración de estas obras no hay modelos contratados, ni viajes a locaciones distantes, ni asistentes, ni vestuaristas. La obra tampoco depende exclusivamente de las gracias del Photoshop. La artista hace todo y, fundamentalmente, actúa todos los personajes: es un hombre viejo, una mujer que se volvió loca, una ninfa, una adolescente caprichosa, un joven detective, una rubia de Miami, y también es Oskar, el niño que está muriendo y que es despedido por los demás personajes de la muestra. En un rincón de su living, Flavia se disfraza y se fotografía a sí misma en mil poses, como una actriz frente al espejo (observar, por ejemplo, los gestos de las manos de sus personajes, que se crispan de diversas maneras). Sólo cuando concluye esta primera etapa performática y fotográfica, la artista se sienta frente a la computadora como un pintor frente a su caballete e inicia el largo proceso de retoques digitales con el que va editando facciones, escalas, proporciones, gestos, contornos, colores, adornos, peinados, y va ubicando figuras y fondos; un proceso de transformación a través del cual la imagen fotográfica de la artista se va deformando y mutando en sorprendentes multiplicaciones. Y si bien los personajes funcionan como “otros”, con sus personalidades y estilos particulares, al mismo tiempo mantienen con su autora un sutil aire de familia, encarnando para Da Rin la fantasía de una identidad flexible desplegada al máximo; la posibilidad de devenir siempre otra, sin dejar de ser ella misma.

CUANDO EL COLOR ESTALLA...FLAVIA DA RIN, Amaia Barredo Vales, 2011

En las fechas en las que escribo estas líneas la estética y el merchandising de la fiesta de Halloween está en su pleno apogeo: calabazas de un tono naranja chillón conviven con las más amplias gamas de negros y blancos que jamás podamos encontrar; rostros pálidos, grisáceos bailan el agua a esqueletos bien definidos y a iluminadas calaveras con grotescas y exageradas muecas. La celebración de Halloween, también denominada Noche de las Brujas o Noche de los Difuntos, es una ficción tornada en realidad a través de la conmemoración pero también del lamento. En esta celebración pagana la deformación es junto con adecuadas dosis de sátira, humor e ironía, la técnica que uno finamente debe dominar para conseguir extraer ternura y simpatía del “terror” de los rostros, ropajes y utillajes de estos siniestros personajes. Es en estos días cuando conozco y me enfrento a la colorida y también festiva pero al mismo tiempo inmensamente inquietante obra plástica de la artista argentina Flavia Da Rin.

Pura coincidencia que nos permite sumergirnos en el ambiguo mundo de la celebración de la muerte, de la conmemoración de lo tétrico y lo mortuorio. La fiesta de Halloween elogia en vida lo que ya no lo será más en ella, lo que ha pasado y se ha perdido para siempre. En ella los miedos, angustias e inquietudes producidas por la terrorífica emoción de reconocer que existe un final para casi todo se trasmutan en las capas y velos de los disfraces, vestimentas y caracterizaciones de los diversos personajes protagonistas del espectáculo. Es una fiesta que celebra la negritud, la oscuridad, la palidez mediante una sabia contraposición con unos pocos colores fuertemente saturados y vivos, como el naranja, el rojo, el azul, el amarillo o el rojo.

También en la conmemoración de nuestra festividad de Todos los Santos el color adquiere gran protagonismo como si intentara superar la oscuridad y sordidez del momento; los ramos y coronas que se depositan en cementerios y camposantos poseen un sobrio apunte de colorido. El entierro es el tema central alrededor del cual gira una de las series que Flavia Da Rin presenta en esta exposición del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS). Misterio del niño muerto del año 2008 nos presenta una performance ficticia de variados personajes ataviados con negras vestimentas, arreglados para la ocasión como marca el protocolo del evento. Personajes que más que vivos, parecen ser muertos en vida, fantasmas invitados a la fiesta de despedida del sepelio de un niño fallecido. Pálidos, con expresiones grandilocuentes y poses estudiadas sus expresiones de sorpresa indican que están conmemorando algo, están actuando, siguiendo la tradición y la retórica judeocristiana heredada de esta fiesta-lamento. Esta tradición, hoy casi extinta en numerosos pueblos y ciudades de nuestro país, nos habla de eternos velatorios que tenían lugar durante varios días y en los cuales la familia del difunto agasajaba con viandas y dulces a los invitados que en ocasiones arribaban desde muy lejos. Era una celebración para la cual se vestía de una determinada manera, generalmente se usaban los trajes más nuevos y elaborados, aquellos que se guardaban para las fiestas especiales y los domingos, y existía un protocolo a la hora de sentarse en la sala donde se velaría el cuerpo del difunto, a la hora de entornar las plegarias y los rezos e incluso de tomar la palabra. El gesto y la pose eran y son la base del comportamiento social en velatorios y en entierros, siempre en torno al motivo de reunión: el difunto.

Da Rin ha ideado una acertada y creativa transposición entre un entierro y una inauguración, ambas situaciones de celebración en torno a una obra, persona u objeto, donde los invitados, envueltos en sus mejores galas, beben y comen, compartiendo los comentarios y las palabras del presentador del acto. Pero podemos ir mas allá de esta situación, ya que tal vez Flavia Da Rin ha podido ir más allá de la simple contraposición de estos actos culturales, bien celebrando la muerte del arte con mayúscula, a través del uso de técnicas artísticas consideradas menores en la historia del arte, o bien lamentando la vida de esa eterna muerte del arte que aún nos persigue, a modo de fantasma, tal y como asoma la figurita del niño rubio fallecido en algunas de estas obras. Verdaderamente los openings o vernissages tiene mucho en común con ese lamento en la celebración o celebración del lamento de la muerte en los entierros, y de las fiestas que estos días nos acompañan: la puesta en escena, la representación, el ritual, el disfraz, la caricatura, el gesto forzado, incluso la primacía de los colores planos y saturados, como el blanco de las paredes de cubo blanco y el negro generalizado de nuestros vestidos. Por otra parte el tema de la construcción de la identidad es medular en toda la obra de esta artista argentina. Los rostros de todos sus personajes están basados en el suyo propio. Su rostro transformado, agrandado o retorcido nos hace situarnos ante la propia mirada de la artista, como si nos encontráramos con ella en una gran sala de los espejos.

Todos los personajes pareciendo iguales, casi idénticos están, sin embargo, cuidadosamente diferenciados. En un constante autorretrato clonado, Da Rin busca conocer cómo se construye la subjetividad, en este caso la del propio artista y su rol como protagonista no solo hacedor de sus obras. Utilizando las emociones y una suerte de empatía la artista sale de sí misma para ponerse en su lugar, no en el del “otro” sino en el suyo propio, para ganar, tal vez, en autoestima, autoafirmación y  autoconfianza. Como punto central de este deseo, los grandes ojos de los personajes captan nuestra atención de un modo subyugante, atrayéndonos hacia ese sentido, el de la percepción que una y otra vez interesa a tantos artistas; como vemos y como nos ven, qué construye cada mirada. Un tratamiento muy particular de las técnicas digitales le permite a Da Rin conseguir esa plasticidad característica en la imagen digital.

La manipulación y el retoque digital de las imágenes, muchas de ellas tomadas de Internet, de la publicidad, del cine o de la televisión, componen una obra coral en la que casi nada se hace a mano pero que recuerda mucho a la artesanal pintura Naif. Nada es nuevo, todo es encontrado y apropiado por la artista y es en el proceso creativo de la pantalla digital y virtual donde estas imágenes encuentran su valor: accesorios y complementos de los personajes son tomados de Internet, para después pasar a maquillar o peinar a sus personajes con diferentes programas; también los fondos son imágenes tomadas de la red de redes que la artista retoca hasta conseguir diferentes y asombrosos efectos climáticos de nieblas y humos. Da Rin se mueve como pez en el agua en diferentes estratos de creación: como protagonista, como escenográfa y directora de arte de sus performances, como la fotógrafa que registra las acciones. El resultado es un relato metanarrativo muy complejo e innovador, a modo de cómic, del cine anime japonés o del story board americano con guiños al cine fantástico y de misterio, al universo de lo ambiguo y lo terrorífico.

Sin Título (Llynch y secretaria) se inspira claramente en personajes cinematográficos del cine del norteamericano David Llynch, cineasta interesado por los secretos ocultos de barrios periféricos y los entresijos de pequeñas comunidades, recreando personajes sórdidos y vanidosos en inquietantes atmósferas, mezcla de lo cotidiano y lo soñado. El gesto de aburrimiento algo insolente del hombre y la llamativa y sensual pose de la mujer de esta imagen los parecen situar, claramente, más que en un funeral en una fiesta o evento en la que no se encuentran muy cómodos. La obra titulada Sin Título (Madre y niño fantasma) es la única obra en la exposición con formato ovalado, a modo de tondo renacentista italiano y representa a la angustiada madre en una terrible mueca de dolor. Está vestida con un vaporoso y transparente vestido negro de fiesta, de noche, y a un lado por debajo de ella aparece el fantasma de su hijo muerto, un niño rubio y pálido, bien peinado y parecido. En otra fotografía encontramos una nueva alusión en el formato de sus piezas a la historia del arte, a la pintura medieval de los retablos, referenciando al Políptico de Gante El Cordero Místico de Jan Van Eyck o al Descendimiento de la Cruz de Roger Van der Weyden. En Políptico la madre del niño muerto aparece rodeada de un grupo de mujeres vestidas de negro que tocan instrumentos y cantan a modo de coro angelical. Una mujer susurra algo al oído de la sufriente madre, que no oímos pero intuimos es algo que la hace quebrase de dolor en un grito hacia lo alto. La figura vaporosa del fantasma de su hijo se asoma de nuevo como fondo en el cielo de esta escena.

El resto de obras de esta serie nos presentan diferentes invitados al sepelio generalmente jóvenes bien vestidas, con grandes rostros pálidos y llamativos ojos y gestos exagerados, sobre fondos de bosques y praderas brumosos y grises. Más allá del cine la artista reconoce también fuertes inspiraciones en la literatura; El Retablo de las Maravillas pieza de teatro breve de Miguel de Cervantes en el que, igual que en la serie Misterio del niño muerto el carácter jocoso y burlesco, con mucho movimiento y griterío de los personajes, encubre una historia de engaño en la que cada personaje dice ver lo que en realidad no ve; o el Tambor de Hojalata novela de Günter Grass, en la que el infantilismo y la ingenuidad son plasmados con tintes macabros en una estructura de episodios vagamente unidos, como las fotografías de esta serie. Una fiesta para sacudirse el terror del mundo es un trabajo más reciente del año 2010 pero que continúa en cierto modo bebiendo de las mismas fuentes: la transformación y transgresión a través del disfraz y la fiesta ya no alude en este caso a temas directamente relacionados con la muerte y los difuntos, sino más bien con el carnaval, el mundo circense o el transformismo. El sugerente titulo exhala el frenesí y el deseo de dejar atrás y olvidar el terror y el miedo por medio de una colorida fiesta de disfraces, repleta de risas y de muecas, pero sin conseguirlo, pues en ella no desaparecen los fantasmas ni los personajes maléficos. Es otra especie de ritual fantástico de celebración en el que se cuelan monstruos, calaveras y esqueletos junto con personajes con melenas o piel de colores y hombres sin pelo con caras pintadas a la manera de clowns; escenas circenses con colores chirriantes para los sentidos que bien podrían aludir, suavizadas, a una especie de Parada de los Monstruos. El carnaval, como Hallowen es una fiesta con orígenes paganos que celebra la debilidad de la carne y lo pasajero de esta vida, mediante el ocultamiento y la deformación, técnicas plásticas y compositivas éstas de cuyo dominio Da Rin vuelve a hacer gala en esta serie. La máscara oculta la parte más significativa de nuestro cuerpo, aquella que refleja ante los demás cómo nos sentimos, nuestras emociones y sentimientos. Las máscaras en el carnaval nos permiten sumergirnos en el juego de la imaginación y ser otra persona, actuar de otra manera a la establecida y la habitual; son el motor para la libertad y la imaginación. Sin Título (Mesa) muestra a unas mujeres ante lo que sería un tocador colocándose máscaras y pelucas preparadas para salir a escena y representar un papel. Otra de las escenas Sin Título (Carnival) contiene varios planos de perspectivas llamando al fondo la atención una figura zoomórfica que se recorta con reminiscencias a la icónica obra de Keith Haring. Y es que la cultura pop, la cultura visual de los mass media y las técnicas del “do it yourself” son comunes al hacer de esta artista, quien mezcla de una manera muy fresca elementos tomados de diferentes medios. Las protagonistas, dos chicas, juegan al escondite o al “pilla pilla”, inquietantes payasos las observan con muecas retorcidas mientras a un lado un cuerpo mitad esqueleto mitad humano lee atentamente un libro. Esta serie es más colorida que la comentada previamente sin embargo tal saturación de colores, los fondos negros y la mezcolanza terrorífica de personajes feos e inquietantes nos sumergen en un baile macabro y excitante, una fiesta a la que preferiríamos no estar invitados. En Sin Título (Chicas y Monstruos) la fiesta parece estar en su punto álgido; dos chicas jóvenes y atractivas con pelucas de colores bailan y jadean acaloradamente en el escenario como gogós; no intuimos a los monstruos por ningún lado, pueden estar ocultos en los pelajes que rodean a las chicas, a modo de glamurosos plumajes, o ¿serán ellas monstruas disfrazadas de humanos? En el extremo inferior una peluca y unos maquillados ojos, sin más rasgo facial observa atenta la escena festiva.  Sin Título (Wigs) es a mi parecer una de las composiciones de esta serie más sutiles, bellas y sugerentes, si cabe la posibilidad de pensar en la belleza en el sentido clásico del término. La escena evoca una función circense en dos planos bien recortados y diferenciados; al fondo, en las gradas personajes a cada cual más dispares y misteriosos parecen mirarse entre ellos no prestando atención a la situación tragicómica que se desarrolla en nuestro primer plano, frente a ellos, en la arena. Una atractiva y frágil joven, vestida y maquillada cual actriz del cine clásico Hollywoodiense podría estar entrenando o amaestrando a una foca, silueteada en negro, pero parece que una varita blanca torcida se ha clavado en el animal que llora frente a ella. La mujer protagonista, clon de la propia artista, recoge absorta las lágrimas del animal en sus manos y parece contarlas. El graderío más que atender a la escena como espectadores parecen no querer darse cuenta de lo que ocurre, de lo que tiene antes sus ojos. No es una gran catástrofe, depende del cristal con que se mire por supuesto, pero la escena pincha al espectador con varios mensajes sobre el estado de las cosas, el estado del mundo y de las relaciones que en él se establecen. ¿Cómo vemos y nos relacionamos con el mundo que nos rodea? Y es que en ocasiones hay cosas que no queremos ver necesitando de un algo subversivo, en este caso artístico, que funciona como medio de conocimiento, de comprensión del mundo que nos rodea, y nos obliga a detenernos a pensar en cuestiones que vayan más allá, trascendiendo lo obvio y banal. En ambas series y explorando hasta el límite las posibilidades de la fotografía digital, esta joven artista argentina demuestra gran simpatía plástica por la técnica del patchwork o de los juegos de los recortables, concretamente a aquellas ediciones infantiles coleccionables dónde se recortaban trajes, vestidos y complementos que después se adherían mediante una pequeña solapa a la figura de papel a caracterizar. Pero a diferencia de las técnicas artesanales antiguas, esta artista deja de lado el rotulador, las manos y las tijeras para sustituirlos por el lápiz óptico y el click del mouse. Y es que las obras de Da Rin, por encima de la narración, rezuman el acabado de diseños de moda, de estiletes y bocetos para glamurosos modelos y campañas de anuncios publicitarios. La artista ha colaborado en varias ocasiones con distinguidas firmas de moda y complementos en campañas publicitarias. Rotundas y llamativas sus composiciones contienen el halo justo de vanidad, seducción y creatividad inherentes a cualquier lenguaje publicitario. Más aún cuando es la propia artista la diseñadora y creadora de la ropa y de los complementos (y de sus combinaciones) de los protagonistas de sus obras, algunos de los cuales están elaborados con verdadero virtuosismo y detallismo. Pero como he citado anteriormente nada es nuevo, todo está ya inventado y a Da Rin no le preocupa añadir algo nuevo a este mundo. El valor del proceso creativo de Flavia Da Rin reside precisamente en eso, en saber reciclar y en captar a través de los sentidos una cierta información para integrarla en su “yo”, dando nueva forma, así, a esos elementos existentes para adaptarlos a las necesidades estéticas de cada artista, de cada persona. Esto, sí, Flavia Da Rin lo hace “terriblemente” bien.

Publicaciones

FLAVIA DA RIN 2001-2013, ARTA Ediciones, 2013

Ruth Benzacar Galería de Arte
Juan Ramírez de Velasco 1287
Buenos Aires, Argentina

Martes a sábado de 14 a 19.
Teléfono: +54 11 4857-3322