GUILLERMO IUSO

Nací en agosto de 1963 en Buenos Aires. Soy autodidacta.

En el colegio era él que mejor dibujaba y él que metía más goles. Nunca estudié, salvo geografía que me fascinaba; durante las demás materias dibujaba tableros de autos, equipos de audio y estadios de fútbol.

Cuando terminé la secundaria trabajé en el negocio de mi papá vendiendo electrodomésticos, pero al cumplir veinticinco no aguante más y me puse a pintar.

Lo mejor que hice: 3 muestras individuales en la Galería Ruth Benzacar (2007, 2010, 2014) – 3 libros publicados en la Editorial Mansalva (2012, 2014) – un mural en la Fundación PROA (2005) – 17 obras de la serie Iusismo, para la muestra Superyo en el MALBA (2004) – una muestra individual en la Galería Braga Menéndez-Schuster (2001) – una muestra-instalación y publicación del libro “Estado de Boarding Pass” en el Espacio Duplus (2000).

Vivo y trabajo en la ciudad de Buenos Aires.

GUILLERMO IUSO CV

Exposiciones individuales

2015
La decisión me excitó solamente una tarde, Libreria Gandhi-Palermo. Buenos Aires, Argentina

2014
La verdad que elijo, Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina

2010
Pasarla bien es el compromiso que más me oprime, Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina

2007
Hoy soy cualquier cosa, Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina

2001
Iuso, Galería Braga Menéndez-Schuster. Buenos Aires, Argentina

2000
Estado de Boarding Pass (libro-instalación), Espacio Duplus. Buenos Aires, Argentina

1999
Pinturas, Centro Cultural Borges. Buenos Aires, Argentina

Exposiciones colectivas

2016
Oasis, arteBA, espacio DIXIT, arte argentino 1991-2016. Buenos Aires, Argentina

2015
Proyecto Vergel, Maria Casado Home Gallery. Buenos Aires, Argentina 

2013
América Latina 1960-2013 Photographs, Fondation Cartier. París, Francia
Premio Igualdad Cultural, Casa Nacional del Bicentenario. Buenos Aires, Argentina
Algunos Artistas, Arte Argentino 1990-Hoy, Fundación PROA. Buenos Aires, Argentina

2012
Últimas Tendencias II, Museo de Arte Moderno. Buenos Aires, Argentina
Palabras, imágenes y otros textos, Museo de Arte Moderno. Buenos Aires, Argentina
Las Bestias, Museo de Arte Contemporáneo. Rosario, Argentina
arteBA, stand Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina

2010
Narrativas Inciertas, Museo de Arte Moderno. Buenos Aires, Argentina
Open House London. Londres, Argentina
¡Esto lo puede hacer mi hijo!, Museo de Arte Contemporáneo. Rosario, Argentina

2009
arteBA, stand Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina
Premio Fundación Andreani, Museo Caraffa. Córdoba, Argentina

2008
Urgencias subjetivas, Centro Cultural de España. Buenos Aires, Argentina

2007
ARTBO, stand Ruth Benzacar Galería de Arte. Bogotá, Colombia

2006
Suite Hemorroidal, Soho Telo Muestra, intervención de una habitación de un hotel alojamiento. Buenos Aires, Argentina
Lo material no cuenta, Distrito Cuatro Galería de arte. Madrid, España
arteBA, stand Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina

2005
De rosas, capullos y otras fábulas, Fundación PROA. Buenos Aires, Argentina
From BA to LA, Track 16 Gallery. Los Ángeles, Argentina
Iuso, DPM Arte Contemporáneo. Guayaquil, Ecuador

2004
Colección del MAMBA II, Fotografía, Museo de Arte Moderno. Buenos Aires, Argentina
Superyó, (Iusismo), Contemporáneo 8 , Malba-Colección Costantini. Buenos Aires, Argentina
ARCO, Sección Futuribles, stand Galería Braga Menéndez, Madrid, Argentina

Colecciones

Su obra forma parte del  Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario y de numerosas colecciones particulares del pais y del exterior.

Selección de Obras

Yo fui un pelotudo
2001 Marcador indeleble, bolígrafo, esmalte sintético, cartulina y fotografía sobre madera 12 × 15 × 4 cm
Fragor disciplinado
2009 Vinilo, esmalte sintético, pintura relieve, poliuretano expandido, plastilina, acrílico, bolígrafo y marcador indeleble sobre chapa 108 x 138 x 12 cm
Yo soy un desequilibrado que cree en si mismo
2005 Marcador indeleble, bolígrafo, cartulina, pintura relieve, madera y esmalte sintético 75 x 38 x 28 cm
Subjetividad de una noche de insomnio con fiebre
2005 Esmalte sintético, pintura relieve, marcador indeleble, bolígrafo, fotografía y papel sobre madera 127 x 61 x 6 cm
La necesidad de inventar un fantasma
2014 Esmalte sintético, pintura relieve, plastilina, gel medium y metal 26 x 121 x 47 cm
La verdad que elijo
2014 Esmalte sintético, pintura relieve, plastilina, gel medium y vidrio 152 x 110 x 12 cm
Qué fuerte me hace mostrar mi debilidad
2014 Esmalte sintético, pintura relieve, plastilina, gel medium y plástico 22 x 62 x 33 cm
Suerte
2013 Esmalte sintético, pintura relieve, plastilina, gel medium y plástico 56 x 65 x 46 cm
La decisión me excitó solamente una tarde
2010 Vinilo, esmalte sintético, pintura relieve, marcador indeleble y hierro sobre madera 53 × 43 × 50 cm
Pongo en marcha una estrategia que no me sirve
2007 Gel medium, vinilo, esmalte sintético, plastilina y pintura relieve sobre madera 23 × 94 × 54 cm
Sin título (vejez)
2006 Vinilo, poliuretano expandido, plastilina y pintura relieve sobre metal 13 × 60 × 50 cm
Sin título (cortadora)
2005 Acrílico, esmalte sintético, pintura relieve, marcador indeleble, bolígrafo y papel sobre madera 157 × 51 cm
Mi plan final
2006 Esmalte sintético, pintura relieve, marcador indeleble, bolígrafo y café molido sobre cuero 77 × 96 × 27 cm
¿En qué me estoy convirtiendo?
2005 Mural realizado en una pared de la Fundación Proa, Buenos Aires. Vinilo, poliuretano expandido, acrílico, esmalte sintético, pintura relieve, marcador indeleble, bolígrafo y cartulina sobre MDF 260 × 410 × 12 cm

Textos

Francisco Garamona, 2015

Una vez Guillermo Iuso me contó
el secreto de su vida (de su arte)
y me hizo jurar que nunca
lo iba a revelar. Nos miramos,
con lágrimas en los ojos, los dos mudos.
Al rato se fue, ya era casi de día.
No nos vimos, durante meses, durante años.
Después nos reencontramos.
Ahora cuando miro sus obras más recientes,
ese secreto vuelve con más fuerza.
Y en cada obra lo veo a él desarmándose,
rompiéndose, volviéndose a romper, a unir,
buscándose. Pero ¿qué fue lo que me dijo?
Porque casi hablaba más allá de las palabras.
Y donde yo entendí “arte”, “situación”
“silencio”, tal vez él decía otra cosa.
¿Es el recuerdo algo más que la sombra del acto
de recordar? Paralizado, lo escuché en silencio,
como lo escucho todavía. Guille, ¿nos contás
de nuevo, para empezar de nuevo, tu secreto?

 

LA VIDA: INSTRUCCIONES DE IUSO. Por Gustavo A. Bruzzone, 2014

Difícil ubicar a Guillermo Iuso dentro de las categorías de Los Sorias, de Laiseca: no es un Soria ni un Iseka; tal vez, podría pertenecer a la Zona Intermedia —territorio fronterizo que separa a unos de otros en «la» novela de la literatura argentina—, pero en calidad de voyeur. Iuso sobrevuela la vida como un flâneur. Un dandy contemporáneo. Y, sobre todo, un bon vivant. De haber vivido aquel París, no me caben dudas de que hubiera sido compañero de tertulias y juergas de Baudelaire.

Muchos piensan que es un pelotudo. También, que resulta innecesario el despliegue que hace de su intimidad, generalmente con crudeza. ¿Para qué?

Que muchos piensan que es un pelotudo no puede sorprender a nadie. Él mismo se definió así en un cuadro donde está con una rubia nórdica pasado de alegría. ¡Iupi!

Su obra es, centralmente, un perfil de Facebook llevado a la naúsea.

Recuerdo que después de comprar una obra[1] en su muestra iniciática en Braga Menéndez & Schuster (2001), me invitó —como buen bon vivant— a cenar a Sudestada. Habitué de ese lugar, me explicó con esa cadencia de clase que tiene para articular movimientos —no exento de histrionismo ítaloporteño— qué íbamos a comer y con qué vino íbamos a acompañar la cena, hasta cómo lo íbamos a hacer. «Las manos son el mejor cubierto para determinados platos», me explicó. La charla fue encantadora. De discurso variopinto, sabe escuchar, es buen interlocutor. Te pregunta y se interesa en lo que le contás. Quedé deslumbrado. «¡Con razón —reflexioné— se ha levantado las minas que se ha levantado!». Si otra hubiera sido nuestra orientación sexual, esa noche nos habríamos amado; pero somos irremediablemente heterosexuales.

Cuando releo lo que acabo de escribir, me acuerdo del tema (sub)central de La causa justa de Osvaldo Lamborghini, y me pregunto por qué me estaré acordando de O. L. cuando escribo sobre el libro que Mansalva está sacando sobre la obra del artista Guillermo Iuso.

Hay crudeza en la obra de los dos. Eso. Y entre los personajes hay puntos de contacto. No sé. Es una intuición.

Lo cierto es que ambos estuvieron con muchas mujeres. Y uno de los puntos más álgidos sobre los que Iuso dirige los reflectores a su intimidad ha sido y es sus parejas. Sus mujeres han resistido estoicamente el pasaje de ser la siguiente en la difusión de los detalles más detalles. Solo podemos decir que sabían a qué atenerse. El día que Guillermo apareció con Coti por primera vez presentándola como su novia, un grupo de amigos comenzó a tararear: «Aplaudan, aplaudan/No dejen de aplaudir/los cuadros de la Coti/que ya van a venir…».

Debo confesar que los retratos en bolas de los exnovios de Coti —en su última muestra en Miaumiau, Constanza Alberione. Piques de ensueño— tuvieron un efecto expiatorio (¡Te adoré, rosarina!). Colgarlos frente al retrato de G. I., un acierto de la galería.

Fútbol es un tema del que Iuso habla con pasión, como habla del arte de comer y beber o de mujeres, de literatura, de cine, de… Por eso, muchas veces hasta me olvido que es de Boca, como yo. Miembro del mítico grupo Fútbol de artistas, en ramona #26 (septiembre-octubre de 2002) dejó plasmadas en un texto (muuuy) demagógico las virtudes (solo virtudes) de sus miembros. Él, autobiográfico de sus performances en ese deporte, absolutamente desmesurado en su capacidad goleadora. Los fans de ramona lo recuerdan como un ejemplo de texto polémico. Sembró enfrentamientos.

A todo esto, Iuso tiene, además de modales elegantes, algunas obsesiones.

Por ejemplo, lleva la contabilidad de las cuestiones más triviales: cuántos caramelos Sugus se comió en un año, cuántas botellas de Dom Pérignon se escabió en igual período, cuántos forros usó la primera semana de noviazgo con…, cuántas pavas de mate, cuántas veces fue a cenar a… y qué comió y cuánto gastó y…

Allá por el 2000, nos volvimos más cercanos. Fue cuando los chicos de Duplus (y no puedo omitir rendirle un breve homenaje al divino y siempre presente Lucio Dorr) le estaban por editar y montar su obra-libro-performance Estado de boarding pass. Objeto hermoso en diseño y cuyo contenido es una declaración de principios. Su título sintetiza en qué estado se puede transitar la vida cuando la pelechás dulcemente.

Una historia de niño bien malcriado, que manejó —derrochó— guita cuando no tenía conciencia de lo que valía ganarla. Fueron años donde, al llegar a esas fiestas, ser El hombre del Papel lo llenaba de satisfacción y orgullo. ¿¡Qué más podía pedirle a la vida que ser el dueño del pelpa, cuando era —según él— un pelotudo!?

Ese libro, que es el origen de todo lo que vendría después, fue el mejor ejemplo de lo que estoy diciendo. Un verdadero festín para psicoanalistas.

Si los funcionarios de la AFIP buscan un buen ejemplo a seguir, exijan de los contribuyentes una sinceridad como la de Guillermo. Iuso cuenta todo.

Al contar todo, uno puede volverse paranoico con razón. ¿Quién anda contando su vida abiertamente como lo hace Iuso? Preocupados por ese alarde de sinceridad me vinieron a ver, entonces, pensando que el libro podía traerles consecuencias penales (¡!). Por suerte, los tranquilicé. 

Acerca de esa deriva que podemos llamar «mi-obra-es-autobiográfica-y-cuento-todo-lo-que-me-pasa» recuerdo a una israelí —compañera de Claudia Fontes en la Rijksakademie de Ámsterdam— en un open studio de 1997 que había registrado, en una saturación de fotos de pequeño formato, todos y cada uno de los momentos que vivió en su viaje desde que salió de Tel Aviv hasta llegar a Holanda. Cuántas veces se angustió, lloró, cogió, disfrutó… Lo de Iuso es más brutal y no solo por la proximidad, sino por cómo lo cuenta, exhibe y hasta dónde. Convengamos que no es lo mismo mostrar la foto que le sacaste a un desconocido que te curtiste que contar que se te paró en el velorio del abuelo de tu novia cuando la viste acariciando el jonca…

Guillermo exorciza todos sus demonios, va bastante más allá de la intimidad y reserva que el secreto profesional nos brinda. Ay, Thanatos, las cosas que hacemos para sacarte de la cabeza invocando a Eros. Pero hay que tener coraje para contarlo así.

Lo cierto es que Iuso nos exhibe todo.  

Y cuando digo todo no estoy exagerando. Hojee usted hasta la página xxx y ojee la obra que se reproduce. Es una hermosa fotografía, del pelado Res, de las hemorroides de Iuso. Pudoroso, el cordobés me contó que le dio cosita tirar esa serie.

¿Encontró usted la página? ¿Vio lo que le digo? Sí, es el orto con hemorroides. Eso sí —y que no salga de nosotros— antes de posar, Iuso precalentó.

Usted se preguntaba por el arte conceptual (?). Bueno, Iuso va por ese lado. Creo que fue Nicolás Guagnini quien lo ubicó en una genealogía con Alberto Greco y Federico Manuel Peralta Ramos.

Greco le dedicó un tango «a la madre de mi hermano, mi vieja». Iuso tiene un cuadro donde se ve a su madre cocinando en televisión, en Buenas tardes, mucho gusto el día que internaban a su hermano por un brote psicótico. El parentesco con Federico no sólo viene de la caligrafía irrepetible, sino de una cuestión de estilos de vivir. La guita es para disfrutarla en serio, y cuando no la hay, se vive bien igual. Nos compramos un toro campeón en la Sociedad Rural Argentina o nos desnudamos hasta lo indecible y nos ponemos una camisa hawaiana para salir a romper el mundo cuando no tenemos un mango.

Su alta exposición lo ha llevado al punto extremo de que parte del público —generalmente contemplativo y abúlico— que asiste a eventos artísticos lo haya querido cagar a trompadas, como aquella vez en 2007, en unos encuentros en el Rojas, cuando confesó fantasías sexuales que mejor podría haberse reservado, porque era seguro que iban a irritar a muchos y a muchas. ¡Te lo dije, Guille!, alguno le reprochó.

Pero de ninguna manera se puede justificar la irracionalidad y la intolerancia. Los límites por donde debe transitar el arte son siempre difusos. Hace mucho que la Academia no baja línea o no puede hacerlo, evitando la aparición de lo diferente. Él, como su obra, están transitando los bordes. ¿Será la frontera entre Soria y Tecnocracia?

Iuso es un distinto.

Lo de pelotudo (que no es incompatible con ser un distinto) va también por ahí.

Cosas peores han dicho de él, como decían de O. L.

Geniales los dos, pero a diferencia del Lamborghini vividor, ególatra y depresivo de la biografía de Ricardo Strafacce, Guillermo es un cultor del buentipismo y siempre transmite estar viendo la copa medio llena. Un gentleman que vive hoy en Buenos Aires y que se puede tomar un bondi con la misma naturalidad que una limousine.

Recuerdo cuando le afanaron en Plaza San Martín después de una muestra en Ruth Benzacar y lo fajaron feo. Iuso con yeso y cuello ortopédico —que dificultaban sus movimientos— seguía yirando por esas celebraciones de la amistad y el mutuo reconocimiento que son las inauguraciones y vernissages, sin amilanarse y pese a todo, guardando la estampa.

Para finalizar, quiero destacar que la obra de Iuso es objetivamente bella. Sus objetos son variados porque juega todo el tiempo con el soporte para decir lo que quiere contar. Los colores que combina siempre devuelven armonía: están bien plantados y son jugados. Y la caligrafía es, como dije, irrepetible.

Formalmente Iuso es de esos artistas que con poco logran mucho. Forma, en su obra, es casi tan importante como contenido. Si solo nos hubiera contado lo que le pasó o lo que piensa de cualquier cosa (de todo, también), no sería más que un caso (médico) entre tantos, o un caso (artístico) entre tantos otros del mainstream neoconceptual. Pero él resuelve bien desde lo formal.

Igual, en este tema no puedo (no quiero) ser imparcial. La subjetividad manda.

Su obra lo muestra todo. Y este libro es buena muestra de todo lo que digo. Es un libro para ver y disfrutar; y también para leer, putearlo, quererlo y reflexionar.

Insisto: muchos piensan que Guillermo Iuso es un pesado, un perverso y un pelotudo. Yo no.

[1] Me estoy refiriendo a Mis Épocas (2000) [p. XX], que en este momento está de viaje, formando parte de una muestra colectiva, primero en la Fundación Cartier de París y luego en el Museo Amparo de Puebla, México.

DOS, TRES, MUCHOS VIETNAM. Por Marcelo Grosman, 2014

¿Qué tipo de libro es este libro de Iuso?
Perfectamente podríamos pensar la obra de Guillermo Iuso como manual de historia contemporánea: ¿qué historias no entran en la Historia?
¿Qué género literario transita? Dadas las pretensiones performáticas de Iuso,
lo recomendable tal vez sería averiguarlo.
¿Es un manual de instrucciones?
¿Una novela? Su desarrollo en el tiempo y el mundo interior del protagonista así lo sugieren.
¿Un panfleto político? No creo que sea su intención (pero las intenciones no importan).
¿Bloc de notas personales? Nadie se toma tanto trabajo.
¿Libro de Arte?
(¿Solo un libro de arte?)
El observador entrenado, para dilucidar algunas de estas cuestiones, haría el siguiente desglose:

El asunto del Placer 
Allí está, nuevamente, como su conflicto fundante, el enfrentamiento entre Principio de Placer y Principio de Realidad (v. g. Guillermo Iuso: «el dinero deja de fluir por debajo del la puerta», momento culminante y donde comienza su propia versión del Hecho Traumático). La interrupción del sueño por la necesidad del trabajo, descendiendo hacia una economía del deseo. Irreductibilidad del deseo, que se hace visible, contabilidad neurótica mediante. Tabú del que sólo esta exenta La Política.

Su infinito recuento es un relato de alienación y barbarie. La tensión y el relato sexual no son sino la más certera afirmación de este conflicto. Libertad y felicidad versus civilización y sociedad. La pulsión erótica es el principal antagonista de la economía ligada al trabajo y al consumo.

El registro minucioso del consumo (el fascismo en el cuerpo), está lejos de ser un relato personal de sus excesos, es una metáfora universal.

Dando cuenta en el proceso de la infinita complejidad de las relaciones de producción existentes, la enumeración compulsiva de Guillermo Iuso es un intento sin retorno de construirse (construirnos) como individuos. Verbaliza lo que habitualmente no se nombra. Construye el relato personal como ideología. Según Marcuse, el ejercicio de la memoria «no es tan valioso por su valor instrumental y terapéutico, como por tener la especifica función de guardar y reservar promesas y facultades que son traicionadas por el hombre maduro y civilizado»[1].

La contabilidad del artista es entonces lo abyecto. Su tránsito por la memoria es su mecanismo de liberación.

Conservar el relato privado, casi como secreto de estado, sería contrario al proyecto de libertad personal opuesto a la línea civilizatoria. La manifestación pública de la sexualidad es esencialmente antisocial, y la destructividad es la manifestación de instintos básicos contrarios a la idea de civilización.

El asunto del Cuerpo 
Su propio cuerpo se convierte en su campo de batalla: sus obras ¿son propaganda de guerra? (tipo de comunicación persuasiva altamente especializada). «El uso planificado de propaganda y otras acciones orientadas a generar opiniones, emociones, actitudes y comportamientos en grupos (enemigos, neutrales y amigos) de tal modo que apoyen el cumplimiento de fines y objetivos determinados»[2]. El objetivo primario de dicha propaganda, en general infectada de información falsa y simuladora, es mantener al observador alejado de la Verdad. El emisor, el propagandista, no necesariamente recurre a la falsedad, sino que utiliza variaciones y pliegues del lenguaje llenos de subjetividad.

Esta técnica requiere que únicamente la subjetividad del emisor sea comunicable.

La propaganda de guerra solo puede conseguirse con pura ficción. La propaganda tiene una gran utilidad en un conflicto, pues no solo lo militar asegura la supremacía en la batalla: «el dominio de corazones y mentes es la continuación de la propia guerra»[3].

Es en este sentido; sus obras son ficcionales. Verosímiles, pero ficciones al fin.

El asunto de la Técnica 
Desde sus primeras obras, Iuso nos advierte de sus intenciones. Sus equipos de audio (dibujos hechos con birome y marcadores de colores sobre hojas de papel escolar) nos alertan acerca del dominio de la técnica sobre la obra: para hablar de música, hablamos de su intermediación tecnológica.

La construcción del fetiche, ya no referida a la composición musical (¿por su condición abstracta?) se encuentra en el dispositivo técnico: «¿Es el potencial de la técnica alienante o nos ayuda a ser más humanos?»[4]. Como si ni siquiera estuviera planteado el tema de la reproducción masiva: la música está ausente. Solo el dispositivo tecnológico de reproducción. ¿O acaso lo único importante es el dibujo mismo, una suerte de reescritura personal de esos aparatos, en tanto símbolos?, ¿o es el deseo inconmensurable de su posesión lo que nos atrae?

Las obras incluidas en las series Iuso/Iusismo formalmente tienen un extraño parecido a sus equipos de música (todo es tecnología, al final de cuentas, parece decir el artista). Especie de collages (o anti), fotos personales (de su historia familiar y sentimental), interminables y minuciosas listas (contabilidades y enumeraciones) escritas a mano, objetos de la vida familiar intervenidos con escritura realizada con Plasticola de colores.

El shock evocador del proceso fotográfico de estas fotografías usadas por el artista nos genera una duda radical: ¿existe Iuso o es un personaje creado por Iuso?

El punto de ruptura es cuando utiliza objetos familiares (¡la bandeja de su madre! ¿habrá comido infinidad de veces de esa bandeja?) especie de punctum/herida/duelo/sutura o el capó de un auto, detritus industriales de su propia vida, objetos que ha consumido y han quedado en la obsolescencia material y sentimental, fermentadores (agentes catalíticos que provocan o aceleran la descomposición de sustancias en cantidades relativamente grandes), en este caso de su memoria o de su condición social.

Si el arte habitualmente trabaja con signos que aluden a un referente, Iuso nos trae el referente mismo.

Estructuradas estas piezas como relato personal, utiliza las técnicas cinematográficas de la modernidad, montaje y elipsis, para hacer avanzar o retroceder el relato. Pero a diferencia del cine, se puede ir de una a otra sin necesidad de la lectura lineal temporal, una a continuación de la otra.

Así pone en duda el concepto dominante de la historia como continuum, como flujo ininterrumpido hacia adelante, hacia la idea de progreso. La obra se torna rizoma.

Altera lo establecido acerca del flujo temporal del relato, acerca de lo que sabe el espectador sobre este objeto, pero deja para el espectador la posibilidad de ensamble de la temporalidad del relato.

En su Libro con respecto a ella (dibujos sobre papel) sus obras-burbujas de pensamiento-emociones, puestas al azar, ofrecen al espectador la posibilidad de leer en forma aleatoria el devenir de una historia de amor. ¿Qué placer, qué deseo más arrebatador que poder ir contra la ley natural de la flecha del tiempo?, porque ese es el verdadero enemigo de la gratificación humana, la finitud del tiempo. Para poder realizar acabadamente el proceso de liberación humana, Iuso encara la lucha contra el tiempo. Poder ir contra la probabilidad del «pude haberle dicho», «pude haberlo hecho distinto», la inevitabilidad de la decisión. La irreversibilidad de la decisión.

La posibilidad de alterar la sucesión de acontecimientos, sincronía mediante, nos deja no obstante frente a esas emociones inevitables: la interminable posibilidad de variaciones, combinaciones y permutaciones no esconden el nombre de ningún final feliz. La vida, parece decir el artista, escapa a nuestras ilusiones.

El asunto del Lenguaje 
¿Y por qué no escrito a máquina?, es el primer interrogante. Iuso escribe a mano y en colores. Dibuja las palabras como si el lenguaje fuera la cosa misma, una especie de lengua adánica (artefacto adánico, en todo caso). El texto se torna aurático, al hacer material la palabra, al darle materialidad a los significantes, como si quisiera recuperar para sí el control de la técnica de la escritura, no dejarla librada al significado de las palabras; contraria a la idea democratizadora que implica la reproductibilidad técnica.

Contrapesa el karma antiaurático de la Fotografía, de sus objetos de consumo intervenidos, con toneladas de karma de escritura manual, espesa, voluminosa; la vuelve pictórica a veces, escultórica la mayoría, disputando a la mismísima teoría del lenguaje sus conceptos de inmaterialidad.

Este procedimiento deja para solo el artista el proceso de la escritura, eliminando la posibilidad de incorporar a su obra el principio de la división del trabajo.

Elimina la posibilidad de la conjunción de lo múltiple (la fotografía) y lo único (su escritura adánica). Anula la posibilidad del original y su copia, el eco de lo irrepetible de una lejanía. [ADVERTENCIA al comprador: lo que usted está por adquirir es un objeto radicalmente distinto a la obra de Guillermo Iuso.]

Su escritura no hace referencia a ningún acontecimiento pasado o por venir: es el acontecimiento mismo. Forma y contenido son la misma cosa. Y así, no hay traducción posible a la obra de Iuso. La traducción se vuelve doblemente imposible.

La obra de Iuso es una operación política compleja: durante años se ha afirmado la necesidad de llevar a cabo la liberación del lenguaje, de la forma (menos es más), expandir su posibilidad de multiplicación y reproducción en tanto instrumento de producción. Multiplicar su capacidad de generar sentido, eliminando lo superfluo.

Guillermo Iuso vuelve ornamento al lenguaje. Si era necesario eliminar lo que no cumplía ninguna función, el artista recupera para sí la función de nombrar las cosas a través de su propio lenguaje, con su propia sintaxis y su vocabulario (según dicen, de esto se trataría el arte), como queriendo escapar a la estandarización de la lengua, generando así un nuevo sentido a sus palabras.

Niega a la fotografía como imagen múltiple y afirma a las palabras como imagen.

El asunto del Amor 
Lo sorprendente es la manera en que Iuso hace referencia continua al amor: como un lugar en peligro por la razón instrumental. Amor es riesgo, parece su contrapropuesta.

La contabilidad de nuevo presente (hace evaluaciones, adjudica puntajes, impone porcentajes). «El drama amoroso es la experiencia más clara del conflicto entre la identidad y la diferencia» y «decidir, sobre todo de manera unilateral, el fin de un amor es siempre un desastre»[5].

Pero el observador posiblemente se equivoque, y tal vez sea todo más sencillo. Un relato de descenso y redención. Mostrarse frágil. Buscar el amor y perderlo. Volverlo a encontrar y ser amado.

Y ya está.
¿Qué más?

 

[1] Herbert Marcuse, El hombre unidimensional, Barcelona, Ariel, 2010.
[2] William E. Daugherty, A Psychological Warfare Casebook, Baltimore, Johns Hopkins Press, 1968.
[3] Ignacio Ramonet, Propagandas Silenciosas, Caracas, Fundación Editorial el Perro y la Rana, 2007.
[4] Theodor Adorno y Max Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, 1997.
[5] Alain Badiou, Elogio del Amor, Madrid, Flammarion, 2010.

IUSO NOUVELLE VAGUE. Por Eva Grinstein, 2010

Me pregunto si es posible pensar la obra de Iuso sin involucrarse en el derrotero de su vida sentimental y sin inmiscuirse en los detalles del drama que monta en cada una de sus obras. Y no es que no sea posible: se puede, pero la enorme voracidad del tema vuelve inconducente cualquier intento de hablar de otra cosa que no sea Iuso, ese personaje absolutamente verosímil que él mismo construye a través de la acumulación de imágenes y palabras. Para el espectador que lo sigue desde hace años sin dudas será evidente la progresiva sofisticación de sus recursos formales y conceptuales, la flamante capacidad de síntesis que opera en su búsqueda de la frase perfecta, la incorporación de nuevos soportes físicos y herramientas de dibujo-pintura-escultura. Pero son sin dudas las vicisitudes de su cabeza y de su corazón –o de su sensibilidad, para no regodearnos tanto- las que formatean lo que a Iuso le pasa hasta llegar a una traducción objetual. Atrás parecen haber quedado las listas obsesivo-compulsivas de los primeros tiempos, aquellas que cuantificaban y organizaban lo que naturalmente tendía a desbordarse. También hay ahora un cambio en relación con el Iuso escritor que se descubrió explorando en párrafos de narrativa breve sus estados de ánimo, sus recuerdos y sus ocurrencias, muchas veces ligadas a una escatología que se convirtió en su marca de estilo. El Iuso actual es uno que se propuso vivir adentro de un film de Éric Rohmer: el experimento ideal para un hombre de mediana edad, intenso, introspectivo, seductor y dispuesto a todo para que el límite entre vida y obra se acorte al punto de que no haya una sin la otra. Iuso deja atrás el mundo de la pareja –las loas a la novia hermosa, joven y adorada, las autoalabanzas en su rol de amante tierno y a la vez sexópata- y cae en el mercado de la soltería, una plataforma salvaje de oferta y demanda de afecto en la que nada puede darse por sentado, empezando por el amor. Las piezas de su nueva exhibición se nutren de esos titubeos y avatares. Iuso dejó de ser el amador/amado exitoso y es ahora un maratonista tratando de ganar la carrera en una pista de arenas movedizas. Sabe que es capaz de correr pero la idiosincrasia del terreno se ríe de su habilidad. Trata de avanzar y el suelo se lo traga. Extrema la imaginación para encontrar en su repertorio de ideas la madera que lo saque hacia la superficie donde se supone puede moverse mejor; espera que el tiempo le de adecuadamente una mujer especial. Alguien aparece y le tira la madera, pero en el furor del rescate se la tira literalmente por la cabeza y lo que podría salvarlo contribuye a hundirlo un poco más. El Libro con respecto a ella, obra fundamental de la muestra, es un registro de las idas y vueltas del nacimiento de una historia deliciosamente tortuosa. Iuso se equivoca, fracasa, se pierde y por momentos recoge algún hilo de ese amor épico y triunfal con el que tanto le gusta fantasear. Ella, personaje fatal y ultrafemenino, lo vapulea, lo confronta con sus miserias, lo provoca y le abre espacios para reflexionar sobre lo que pasa y lo que debería pasar. Junto con la serie de papeles apenas intervenidos con palabras –que Iuso considera la parte más seca de su trabajo actual, la menos cercada por fluidos corporales– el Libro… es un guión que se escribe sobre la marcha, en pleno paraíso de la desorientación. El enamorado del cine francés homenajea a sus ídolos: almendras entre los dedos largos de una mujer; el sonido de un teléfono que suena mientras él se acomoda el pelo sin atender; un gato con el que se mira a los ojos, hermanados en ese tedio romántico del deambular sin rumbo. Una oda a la necesidad de hacer tiempo, dejándolo pasar, fabricándolo. Pasarla bien es el compromiso que más me oprime, escribe Iuso. Lo escribe sobre un objeto grande, curvo, un pedazo de tobogán que se presenta como suspendido en el aire. Ahí está todo. El asedio del hedonismo y el pacto con el sufrimiento. (Una frase que atraviesa el espacio dejando la estela de su deseo). Pasarla bien. El gran tema y las contingencias que lo rodean. Iuso protagoniza la película que no necesita filmar.

Sobre la muestra Pasarla bien es el compromiso que mas me oprime (Ruth Benzacar Galería de Arte, 2010)

TODO LO QUE PASO. Por María Moreno

Como todas las personas que no me gustaron nada al principio, Guillermo Iuso me gustó mucho después de conocerlo más. Todas mis simpatías empezaron por broncas y mis amores a primera vista terminaron en odios asesinos (pero esa es otra solapa).

En Todo lo que pasó Iuso le saca el jugo (todo él es un elogio de la sustancia en el alambique de su cuerpo-laboratorio) a una poética de la autodegradación, valerosa por su disputa con la ilusión de prestancia que pervive aún en la exhibición de una Sophie Calle como despojo amoroso o en la demencia arty de una Yayoi Kusama. Es un dandy negro que en vez de nadar con ruleros por los canales de Venecia como Lord Byron o salir a la calle sosteniendo un pomelo en la mano como el hermoso Brummel, organiza el itinerario de un moco bajo un chorro de surtidor. Es un cronista de la abyección, una abyección alegre y contable en pajas, speeds, alcohol, salidas en la televisión, grasas saturadas, niveles de colesterol–así como el viejo Bukowski se jactaba de que murieran antes los médicos que los borrachos y de sus arterias limpias como cañería sin estrenar– Iuso se jacta de haber bajado el colesterol malo sin haber disminuido sus excesos de Pantagruel en la era del MDMA.

El sexo en Todo lo que pasó es sexo, justa reparación simbólica luego de que palabras como “género” o “deseo”, sometidas a todas las tratas le pusieran a “sexo” una faja de censura que sólo levantan las viejas revistas porno (en internet cada club de degenerados habla como un activista, un sociólogo o un psicoanalista). Iuso cuenta amores duros, químicos, de ida y vuelta pero increíblemente persistentes en sus inventos sin ilusión y sus triangulaciones lujuriosas. Risueño, escribe como en pos de un reality show literario hecho con todo lo que constituiría lo oculto de una escritura del yo; es el escribiente de los estados bajos del cuerpo material, sus sentimientos no edicantes como el miedo a que haya alguien en el asiento de atrás del automóvil o el dolor autocompasivo hasta el llanto pero sin la intención obvia de transformar en valor el deshecho; no es lo contrario del escribiente paradigmático Bartleby que preferiría no hacerlo sino que preere hacerlo casual, gore pero poco, porque el énfasis es para los que aún anhelan, cobardemente, un semblante.

La divisa de Iuso: “Qué fuerte me hace mostrar mi debilidad”. 

 

Publicaciones

GUILLERMO IUSO. Colección Popular de Arte Argentino, Editorial Mansalva, 2014

GUILLERMO IUSO TODO LO QUE PASÓ, Editorial Mansalva, 2014

GUILLERMO IUSO FALLADO Y USADO, Editorial Mansalva, 2012

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