JULIO GRINBLATT

(Buenos Aires/Argentina) Tiene una muestra individual en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y participa en muestras en el Museo Reina Sofía, Madrid; en el MoMA PS1 y El Museo del Barrio de Nueva York, y en el Instituto de Arte Contemporáneo (ICA) de Filadelfia. Su muestra reciente en Minus Space (Nueva York) fue reseñada por Eva Díaz en Artforum. Co-cura junto con Joachim Pissarro, Bibi Calderaro y Michelle Yun “Notations/The John Cage Effect” en la galería de Hunter College. El crítico Thomas Crow abre el número de Artforum “Best of 2012” con una extensa nota sobre la muestra, que previamente había sido reseñada en el número de verano.

Las publicaciones de su obra incluyen Blink, de Phaidon Press, Londres; 100 Artistas latinoamericanos, de Exit Magazine (Madrid), y la galería Blue Sky (Portland, Oregon) publica Julio Grinblatt/People facing their birthday cakes.
Obtiene un B.Sc. en Química y Bioquímica de la Universidad Hebrea de Jerusalem. Estudia Historia de la Fotografía y Estética Fotográfica con Juan Travnik. Obtiene una maestría en arte (MFA in Studio Arts) en Hunter College (CUNY/Universidad de la Ciudad de Nueva York) en 2010 donde también enseña desde 2009. Su obra está representada en varias colecciones públicas incluyendo la del Museo de Bellas Artes en Houston y de los Museos de Arte Moderno de Buenos Aires y de Rio de Janeiro.

Vive y trabaja en Nueva York.

JULIO GRINBLATT CV

Exposiciones individuales

2017
Pasillos, Minus Space. Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos

2016
Usos de la Fotografía VII / Fotos, Instalación site-specific. Buenos Aires, Argentina
Cielito lindo, Magil Library, Haverford College. Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos
Corridors/Pictures of nothing, Centro Cultural Pérez de la Riva. Madrid, España

2013
Cielito Lindo, Minus Space. Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos

2010
Spazi (dis)abitati – Pasillos/Fotos de nada, Fondazione Teatro Lirico di Cagliari, Italia

2009
Usos de la fotografía-V/Dials/Cielito lindo, Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina

2007
Cielito Lindo Fotología 5, Universidad Nacional, Centro Jorge Eliécer Gaitán. Bogotá, Colombia
Pasillos/Fotos de nada, Antta Gallery. Madrid, España

2006
So Now Then/El hombre frente a su torta de cumpleaños, Hereford Photography Festival, Courtyard Center for the Arts. Hereford, Gran Bretaña

2005
Cielito lindo, Slought Foundation. Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos Pasillos/Cielito lindo, Baró Cruz Gallery. São Paulo, Brasil
Usos de la fotografía-II/El hombre frente a su torta de cumpleaños, LMI. Ciudad de México, México
The Gershman Y- The Open Lens Gallery. Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos

2003
Usos de la fotografía-I/Fotos de otros, Blue Sky Gallery. Portland, Oregon, Estados Unidos
Usos de la fotografía-I/Fotos de otros – Pasillos, Laura Marsiaj Arte Contemporânea. Rio de Janeiro, Brasil
Usos de la fotografía-II/El hombre frente a su torta de cumpleaños, Ruth Benzacar Galería de Arte. Buenos Aires, Argentina

2002
Pasillos, Society for Contemporary Photography. Kansas City, Estados Unidos

2001
Usos de la fotografía-I/Fotos de otros – Pasillos Museo de Arte Moderno. Buenos Aires, Argentina

2000
Pasillos, Sicardi Gallery. Houston, Texas, Estados Unidos

1999
Pasillos, ICI. Buenos Aires, Argentina

1995
Fotos de nada, Fotogalería del Rojas, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina

Exposiciones colectivas

2014
Of Light and Time – Photos of others, Terrazzo Art Projects. Nueva York, Estados Unidos

2013
Roberto Aizenberg: Trascendencia/Descendencia Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat. Buenos Aires, Argentina

2010
50 Artists Photograph the Future– Cast, Higher Pictures Gallery. Nueva York, Estados Unidos 
Escape from New York – Pasillos, Engine Room, Massey University. Wellington, Nueva Zelandia (2010) Project Space Spare Room, RMIT University, Melbourne, Australia (2009) Curtin University of Technology, Perth (2008), Sidney Non-Objective, Sidney, Australia (2007)

2009
MA Curate MFA –Dials-Cielito lindo, Hunter College, Times Square Gallery. Nueva York, Estados Unidos
NewInSight – Dials, Art Chicago. Chicago, Estados Unidos

2008/9
Minus Space –Dials. MoMA PS1 Contemporary Art Center. Nueva York, Estados Unidos

2003/8
Mapas abiertos: Fotografía Latinoamericana 1991-2002, Pasillos Museo de Bellas Artes. Bruselas, Bélgica (2008)
Amos Anderson Museum. Helsinki, Finlandia (2005)
Auditorio de Galicia. Santiago de Compostela, España (2005)
Sala de Exposiciones de la Ciudadela. Pamplona, España (2005)
Bienal FotoNoviembre, Centro de Fotografía Isla de Tenerife, España (2005) Fototeca de Nuevo León. Monterrey, México (2005)
Fundación Telefónica. Santiago de Chile, Chile (2005)
Centro de la imagen. Mexico DF, México (2004)
Museo Zapopán. Guadalajara, México (2004)
Palau de la Virreina. Barcelona, España (2003)
Fundación Telefónica. Madrid, España (2003)

2007 
NewInSight – Cielito Lindo, Art Chicago. Chicago, Estados Unidos 

2006
International Contemporary Art from the Harn Museum Collection Samuel P. Harn Museum of Art, U. de Florida. Gainsville, Estados Unidos

Retratos de artistas, Galería Palatina. Buenos Aires

2005
From B.A. to L.A.: Mondongo, Tessi, Iuso, Prior, Grinblatt, Pasillos Track 16. Los Angeles, Estados Unidos 

2003
Traces of Friday -Fotos de otros, ICA. Filadelfia, Estados Unidos 

2002
The S-Files -Fotos de otros, El Museo del Barrio. Nueva York, Estados Unidos 
Julio Grinblatt – Tricia McLaughlin – Ana Tiscornia, A. A. Wallace Gallery, SUNY, Old Westbury. Nueva York, Estados Unidos
Nuevas Tendencias -Fotos de otros, Museo de Arte Moderno. Buenos Aires, Argentina
Discoveries of the Meeting Place -Pasillos FotoFest. Houston, Texas, Estados Unidos 

2001
Tipping Point -Fotos de otros, White Columns. Nueva York, Estados Unidos 

2000
Más allá del documento, Pasillos, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid, España
Latin American Photographs. New View Points -Pasillos University of Texas at San Antonio Art Gallery. San Antonio, Estados Unidos

Premios

2012
Nominado para “Rema Hort Mann Foundation-Visual Arts Grant ” Fundación Rema Hort Mann. Nueva York, Estados Unidos

2011
Nominado para “Cisneros Fontanals Art Foundation Award for Latin American Emerging Artists”, Fundación Cisneros Fontanals Art. Miami, Florida, Estados Unidos
Nominado para “Rema Hort Mann Foundation-Visual Arts Grant ” Fundación Rema Hort Mann. Nueva York, Estados Unidos

2010
Tony Smith Award, Hunter College, CUNY, Nueva York, Estados Unidos 
Nominado para “The Baum: An Emerging American Photographer Award”, The Baum Foundation y el SF Camerawork. San Francisco, Estados Unidos
Nominado para “Cisneros Fontanals Art Foundation Award for Latin American Emerging Artists”, Fundación Cisneros Fontanals Art. Miami, Florida, Estados Unidos

2007
Nominado para “Cisneros Fontanals Art Foundation Award for Latin American Emerging Artists”, Fundación Cisneros Fontanals Art. Miami, Florida, Estados Unidos

2006
Nominado para “Cisneros Fontanals Art Foundation Award for Latin American Emerging Artists”, Fundación Cisneros Fontanals Art. Miami, Florida, Estados Unidos

2004
Nominado para “The Baum: An Emerging American Photographer Award”, Glenn y April Bucksbaum, presentado por The UC Berkeley Art Museum y Pacific Film Archive. California, Estados Unidos

2002
Artist Recovery Fund, New York Foundation for the Arts. Nueva York, Estados Unidos

2001
Nominado para el “Bucksbaum Family Award for Emerging Photographers”, The Friends of Photography. San Francisco, California, Estados Unidos
Premio Banco Nación (Mención de Honor) –Fotos de otros. Buenos Aires, Argentina

1994
Premio Fundación Nuevo Mundo (Premio de Premiados) –Paisajes Paralelos, Museo Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires, Argentina

1993
Premio Fundación Nuevo Mundo a la Nueva Fotografía Argentina -Retratos, Museo Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires, Argentina

Selección de Obras

Textos

JULIO GRINBLATT. Por Santiago García Navarro, 2007. English version below

Desde mediados de la década de los 90, la obra fotográfica de Julio 
Grinblatt se rige por la lógica de la seriación conceptual. Las series 
Fotos de nada (1994) y Pasillos (1997) tienen por operatoria común el 
registro monótono de un mismo tipo de objeto poco relevante a la mirada —plantas salvajes, pasillos de edificios—, recortado con el mismo tipo
 de cuadro, la misma luz, la misma imagen impecable. Mediante el
plano cerrado en el primer caso, y la copia diminuta en el segundo, la
 escala real se desarma a fin de acentuar el propósito de estas imágenes: la despersonalización de la autoria. En la segunda serie, además,
 la miniaturización agiganta la sensación de ausencia, de lugar imposible de ocupar. Grinblatt percibe la acción fotográfica como un corte 
sobre lo real que excluye violentamente todo aquello que no está contenido en la foto y, a la vez, al propio fotógrafo. Fotografiar es, pues,
 ausentarse de la escena, y en este sentido, la situación funciona como
metáfora de la exclusión social. Con Fotos de otros (1999) este problema se explicita, por un lado, en la contradicción inevitable entre la 
memoria como duración y el registro especializado de esa duración 
mediante una instantánea fotográfica y, por otro, en la posición doblemente exterior a la escena registrada de quien activa el aparato de 
registro (pues, en este caso, el objeto fotográfico de Grinblatt es el
 objeto elegido por otro fotógrafo, más el acto fotográfico de ese otro
 fotógrafo).

Para hacer explícita la búsqueda, Grinblatt elige situaciones que
 exigen el uso del flash, de modo que el clic del fotógrafo quede luminosamente impreso en la fotografía, y el disparo, puesto en evidencia. Las 
imágenes cuestionan así la distancia que media entre el intento por
dejar constancia de lo vivido, y el hecho de que sólo puede vivir aquello que es incorporado en la memoria como conciencia del presente. De 
allí el riesgo de que el corte fotográfico derive en el reemplazo de la 
memoria por la ilusión espectacular. En El hombre frente a su torta de
 cumpleaños (1995-2003), Grinblatt fotografía el momento en el que el 
cumpleañero sopla las velas de su torta, y luego, en el laboratorio, 
quema casi toda la foto excepto la imagen del festejado, de modo que 
muestra ese acto condensado de memoria en soledad. En Cielito lindo 
(2000-2005), esta obsesión por señalar el funcionamiento de la percepción y la composición en una imagen fija de lo real cotidiano, es transferida a la persona encargada de copiar las fotos en un laboratorio profesional. El artista toma fotos de cielos despejados, las manda a copiar 
a distintos laboratorios en distintas ciudades, y luego, en la edición,
 confronta las decisiones de cada copiador, a fin de, en palabras del 
artista, “mapear la variación de la idea de belleza”.

Texto para 100 Artistas latinoamericanos, Exit, Madrid, España, 2007

Since the mid-nineties Julio Grinblatt’s photographic work has been guided by the logic of conceptual seriation. The series Fotos de nada (1994) and Pasillos (1997) are operatively similar in
 that they are monotonous records of the same type
of visually uninteresting objects — wild plants,
 building corridors -, with the same type of 
composition, the same lighting, the same impeccable image quality. Through the closed shot 
in the first case, and the tiny print in the second case, real scale is dismantled in order to accentuate the purpose of these images: the depersonalization of authorship. In the second series, moreover, the
miniaturization enlarges the sensation of absence, of a place impossible to occupy. Grinblatt perceives 
photographic action as a slice of reality that violently
 excludes everything that is not contained in the
photo, including the photographer himself.
 Therefore, to photograph is to be absent from the 
scene, and in this sense, the situation works as a
 metaphor for social exclusion. In Fotos de otros 
(1999), this problem is made explicit, on the one
hand, by the inevitable contradiction between 
memory as duration and the specialized record of
 that duration through a snapshot and, on the other 
hand, in the doubly exterior position the recorded 
scene of the person activiating the recording device 
(for, in this case, Grinblatt’s photographic object is
 the object chosen by the photographer, plus the photographic act of that other photographer).

To make the search explicit, Grinblatt chooses 
situations that require using flash so that the photographer’s click is emblazoned on the 
photograph, and the shot made evident. The images 
thus question the distance between the attempt to 
capture experience, and the fact that the only thing 
that can live on is that which memory acquires as
consciousness of the present. This leads to the
 possibility that the photographic composition may
 become a spectacular illusion replacing memory. For
 El hombre frente a su torta de cumpleaños (1995-
2003), Grinblatt portrayed the moment in which a 
person is blowing out the candles on his birthday cake,
 and later, in the darkroom, he burned almost the
 entire photo except the image of the person
 celebrated, as a way of showing that condensed act
 from memory alone. In Cielito Lindo (2000-2005), 
this obsession with pointing out the functions of
 perception and composition in a still image of 
everyday reality, is transferred to the people in
 charge of printing photos in professional 
laboratories. The artist takes photos of clear skies,
 sends them to get them printed at different 
laboratories in different cities, and later, in the post-
production phase, contrasts the decisions of each 
lab technician for the purpose of, in the artist’s 
words, “mapping the variation of the idea of 
beauty.”

Text for 100 Latin American Artists, Exit, Madrid, Spain, 2007, pp 206-207

VELADOS RETRATOS:
 UNA REFLEXIÓN ACERCA DE EL HOMBRE FRENTE A SU TORTA DE CUMPLEAÑOS. Por res, 2003

“…considero el ver como un proceso recíproco: si veo alguien o algo, soy visto por lo que veo y
 nuestras miradas se cruzan una con lo otra. Mi mirada encuentra su respuesta en la persona
 que veo, de tal modo que puedo ver su efecto en los ojos del otro/a. Si observo un objeto 
inanimado, éste tiene cierta presencia y también devuelve mi mirada en una suerte de eco.”


James Elkin refiriéndose a J. Lacan en The Object Stares Back Harvest Ed. P70

Para hacer estas fotos Julio Grinblatt ha comenzado realizando una serie de tomas
directas, en blanco y negro, tratando de no intervenir en lo que pasaba frente a su
lente. Ha buscado cuidadosamente la circunstancia más propicia para esconderse, 
para pasar desapercibido: en todo cumpleaños el fotógrafo es casi invisible porque 
se lo da por supuesto. Ayudado por la tenue luz de las velitas, se ha camuflado entre 
los invitados dispuesto a forzar los límites del retrato a partir de una instantánea.

Tuvo en cuenta que el/la cumpleañero/a exponía su intimidad al momento de
enfrentar su torta. Que tal vez pensaba un deseo o recordaba el transcurrir de la
vida. Eligió el uso de tecnología analógica, el tipo de cámara, la película, la luz, el 
proceso químico, en fin, tratándose de un fotógrafo ciertamente obsesivo es difícil 
calcular hasta qué punto se ajustaron concepto y técnica en la construcción de El 
hombre frente a su torta de cumpleaños.

En suma, Julio ha trabajado la toma haciéndo nos pensar que la realidad es más rica
 que la imaginación (como si fuera posible un mundo “objetivo” existente a priori de
 los sujetos que lo observan).

Y aquí surge la duda: ¿cómo pueden ir juntos el “objetivismo ingenuo” y estas fotos? Es evidente que al hacer las imágenes se actuó con plena conciencia de la más 
estricta interdependencia entre ambos conos —más allá y más acá del lente – en la
 posibilidad de la fotografía. Entonces, todo rastro de naturalismo se desvanece y nos 
preguntamos si Julio no habrá hecho una gambeta y, como cuando juega al fútbol o 
lo disfruta, su aparente subordinación a lo que está allí afuera no fue más que una 
estrategia para actuar sobre la fotografía de cumpleaños y descomponerla.

Quizá ese sea el motivo de su apego a lo analógico, y de allí provenga su
determinación cuando afirma que la puesta en escena debe ir al momento de la edición
 para añadir que en el laboratorio se produce un acto fotográfico equiparable a la toma. 
Lo seguro es que su actuación en el cuarto oscuro, aunque sólo sea accesible a través
del resultado, cambia fundamentalmente el carácter de la imagen. Al aislar a la
persona retratada, quemando hasta en negrecer completamente el resto de la foto,
 transforma“un cumpleaños en un retrato” y pone en evidencia la artificialidad de la
 representación.

Para los que hemos asimilado el metol y la hidroquinona a través de los poros es
interesante esta presión atenta y sutil sobre lo más firme de la tradición clásica de la 
fotografía. Tal vez porque abre una grieta que permite su desplazamiento y descubre un paisaje hasta entonces impensado, pero también porque insiste en la posibilidad 
de mirar el mundo desde la modernidad que, según parece, nunca fue algo del 
pasado.

Texto para el catálogo de Usos de la fotografía-II/El hombre frente a su torta de cumpleaños

Ruth Benzacar Galería de Arte, Buenos Aires, Argentina

 

JULIO GRINBLATT. Por Chris Boot, 2002

The experience of meeting Julio Grinblatt at FotoFest stood apart from other encounters I had as a reviewer because of the depth and intensity of his engagement with the idea of photography.

Most photographers use the medium either for self-expression or as a tool of observation, but for Grinblatt it is his subject.

Grinblatt is possessed by photography, by its disciplines and its limitations — and by the alienation, both seductive and terrifying, of the photographic spectator. He is in the process of making a body of minimalist images, literally tiny in the case of the Corridors series which explores the specifics of photographic perception and the act of picture taking. They challenge our expectations of what a photograph should be and do.

This is a serious enquiry into the ontology of photography, and brave as well. Grinblatt transgresses the orthodoxies of ‘fine art photography’ because he is more interested in ideas than in producing a consumable aesthetic vision.

However, Grinblatt’s pictures are more than merely formal or theoretical. We can also read his work, as with any photographer’s work, as autobiography. When we do, we find it raw and discomfiting. The Corridors series describes the New York City that a young Argentine artist has chosen, at least temporarily, to be his home.  In this context, these images are exciting and disturbing in equal measure.

Wall Text from Discoveries of the Meeting Place, FotoFest, Houston, Texas, US, 2002

EL SEÑOR J. Por Nicolas Guagnini, 2001 English version below

Nosotros, los judíos, ya nacemos viejos. Uno fotografía cosas para ahuyentarlas de la mente. Mis historias son una especie de cerrar los ojos.
1920-1923
Conversación de Franz Kafka con Gustav Janouch
Franz Kafka “No soy una luz”, Buenos Aires, Ediciones Tiempo, 1977, pp 27

Ni trabajadores manuales rodeados por sus herramientas, ni trabajadores industriales parados frente a sus máquinas, los fotógrafos están dentro de sus aparatos. Esta es una nueva clase de función en la que seres humanos y aparatos se constituyen en una unidad. Es por lo tanto apropiado denominar a los fotógrafos funcionarios.

El programa de la cámara tiene que ser rico, sino el juego se acabaría rápido. Las posibilidades contenidas dentro del aparato/juego deben ser mayores que la capacidad del funcionario para agotarlas. En otras palabras, la capacidad del aparato tiene que ser mayor que la aptitud de sus funcionarios. Una cámara bien programada nunca podrá ser completamente desentrañada por ningún fotógrafo, ni por todos los fotógrafos juntos. La cámara es una caja negra.

Precisamente, es la obscuridad de la caja lo que motiva a los  fotógrafos a sacar fotos. Es cierto se pierden dentro de la cámara buscando posibilidades, pero no es menos cierto que pueden controlarla. El fotógrafo sabe cómo alimentar la caja (conoce su “entrada”), y sabe cómo hacer que expela fotografías (conoce su “salida”). La cámara hace lo que el fotógrafo quiere que haga, aunque el fotógrafo no sabe lo que sucede en el interior de la caja negra.  Esta es la característica central del funcionamiento de los aparatos.  El funcionario domina al aparato mediante el control de su exterior (“entrada” y “salida”), y es dominado a su vez por la impenetrabilidad de su interior. En otras palabras, los funcionarios controlan un juego para el cual son incompetentes: de hecho, el mundo de Kafka.

Vilém Flusser, Hacia una Filosofía de la Fotografía (1983). Traducción del autor, Reaktion Books, Londres, 2000, pp 27 – 28

En “La ventana indiscreta” (1954), uno de los clásicos de Hitchcock, un fotógrafo inmovilizado por tener su pierna rota se defiende de un vecino asesino serial y descuartizador de señoritas disparándole flashazos para cegarlo. La metáfora evoluciona en la escena con precisión: la bestia, al igual que la oscuridad, se detiene por un segundo en cada flashazo y continúa avanzando. Las fotos con flash son las más instantáneas. Detienen el flujo incesante del tiempo hacia el olvido, y rescatan para la memoria sucesos, poses, agrupaciones particulares de personas que suceden en interiores o exteriores poco iluminados. En el instante seleccionado para la posteridad la noche se suspende. Las fotos con flash siempre parecen algo irreales: sus habitantes no tienen actitudes diurnas, lumínicas. O posan o son sorprendidos cual culpables. Un notorio fotógrafo nocturno neoyorquino, Weegee, escudriñaba la frecuencia radial de la policía y de los bomberos para llegar antes que nadie al lugar del crimen, y disparar su flash.

J descubrió en sus investigaciones algo esencial: todo flashazo mapea una preocupación. En la serie de cosas que son dignas de ser preservadas se desnuda la contracara de tal jerarquía: debemos olvidar para sobrevivir, recordar determinados momentos solo desnuda lo banal y lo fatal del vivir. Se podría pensar que ese mapa generado por los sucesos merecedores de flashes es un fresco de las aspiraciones de la sociedad. Pero J no nos quiere decir nada en particular sobre esa topografía social, no le interesan los puntos de vista explícitamente discursivos ni los comentarios. Sabe que esa tarea es fútil, que los otros a los que le roba las fotos son meros actores de una serie de regulaciones de las cuales la cámara es un agente demarcante. Se limita a hacerse presente en la escena del flash-crimen, y abre su cámara-caja negra.

En la serie de “Fotos de otros” se escenifica una encrucijada de saberes. El primer orden programático que se expone es la intersección de la industria que genera los aparatos aptos para las necesidades mnemónicas básicas, y las aplicaciones mas o menos profesionalizadas de tales aparatos: instantáneas turísticas y familiares, fotos de fiestas, de modas, de celebridades, etc. En ese orden se desnuda la relación intrínseca que en las sociedades industriales y post industriales existe entre espectáculo, mercado, y memoria. El segundo orden expuesto es aquel para el cual se debería entrenar un fotógrafo que quisiera hacer “arte” en vez de “documentos”: el punto de vista, la habilidad para encontrar “el momento justo”, lo personal, en fin, todo lo que presupone el valor de la visión subjetiva que el artista propone como individuo. La amalgama sobre un mismo papel sensible de las dos fotos, la del otro y la de J, es la oscuridad reinante. J nos revela discretamente algo tan obvio como desestabilizante: las instancias “recuerdo”, “documento”, u “obra de arte” tienen denominador común. Esa revelación se copia en cada sistema de valores de acuerdo a contextos y circuitos de circulación.

La obsesión antropocéntrica y logocéntrica de la cultura occidental está estratificada por un conjunto de modos de representación particulares. El zenit de tales modos/modelos es el sistema de la perspectiva. La corporización tecnológica del sistema perspectívico en un objeto en el cual convergen los saberes científicos y la capacidad de realizarlos es el lente. Examinemos la cámara obscura, que existió unos cuantos siglos sin lente adosado. ¿No es acaso una caja con un agujerito por el cual entra una imagen, buraco al cual convergen los rayos de luz que transmiten tal imagen al plano receptor? O sea, ¿No es la cámara ya un lente? La función reguladora de la perspectiva frente a lo inasible de lo real y a la latencia del caos es clara: no importa que hay allí, sabemos que recede hacia un punto de acuerdo a una ley fija. Desconocemos todas las topografías que se nos presentarán, pero tenemos un sistema estabilizante que las ordenaría. La perspectiva idealmente debería suprimir la angustia frente a lo desconocido. El lente es portador de una verdad a priori, cuya aplicación intenta demostrar mediante el uso. Es un agente del conocimiento.

Un paradigma posible de la perspectiva es un pasillo tachonado de accidentes dispuestos a distancias regulares. Típicamente, los accidentes deberían ser puertas. Los pasillos del señor J no son otra cosa que fotos de perspectivas. O sea, fotos de lentes (y por consiguiente de cámaras). Lo inquietante y lo angustiante de la serie “Pasillos” no es la ausencia de personajes, las potencialidades amenazantes de las puertas o las implicaciones ideológicas de los complejos a los que los pasillos parecen pertenecer. Lo intolerable es la presentación lisa y llana del aparato “cámara” como mero portador de un sistema de representación, sin conclusiones. Nuevamente, en una frontera extrema del programa nos enfrentamos simultáneamente con su paroxismo y su vaciamiento.

Tanto “Pasillos” como “Fotos de Otros” pertenecen a un proyecto más ambicioso: “Usos de la fotografía”. Se trata de un catálogo de catálogos. En la periferia de los infinitos, el señor J parece pescar conjuntos de reglas que funcionen con respecto al todo como excepciones. Finalmente, una burocracia apasionada y apasionante.

Texto para catálogo de Usos de la fotografía-I/Fotos de otros – Pasillos, Museo de Arte Moderno, Buenos Aires, Argentina, 2001/02

 

Photos of others
Mr. J

We, the Jews, are born old. You photograph things to chase them out of your mind. My stories are a kind of shutting of the eyes.

Conversation of Franz Kafka with Gustav Janouch

Franz Kafka “No soy una luz”, Buenos Aires, Ediciones Tiempo, 1977, pp 27

Unlike manual workers surrounded by their tools and industrial workers standing at their machines, photographers are inside their apparatus and bound up with it.  This is a new kind of function in which human beings are neither the constant nor the variable but in which human beings and apparatus merge into a unity. It is therefore appropriate to call photographers functionaries.

The program of the camera has to be rich, otherwise the game would soon be over. The possibilities contained within it have to transcend the ability of the functionary to exhaust them, i.e. the competence of the camera has to be greater than that of its functionaries. No photographer, not even the totality of all photographers, can entirely get to the bottom of what a correctly programmed camera is up to. It is a black box.

It is precisely the obscurity of the box which motivates photographers to take photographs. They lose themselves, it is true, inside the camera in search of possibilities, but they can nevertheless control the box. For they know how to feed the camera (they know the input of the box), and likewise they know how to get it to spit out photographs (they know the output of the box). Therefore the camera does what the photographer wants it to do, even though the photographer does not know what is going on inside the camera. This is precisely what is characteristic of the functioning of apparatuses: The functionary controls the apparatus thanks to the control of its exterior (the input and the output) and is controlled by it thanks to the impenetrability of its interior. To put it in another way:  Functionaries control a game over which they have no competence. The world of Kafka, in fact.

Vilém Flusser, Towards a Philosophy of Photography (1983). Reaktion Books, London, 2000, pp 27 – 28.

In Hitchcock’s classic “Rear Window” (1954), a photographer crippled by a broken leg defends himself from his neighbor, a serial killer slaughterer of young women, by blinding him with his flash bulb. The metaphor develops with clarity as the scene progresses: the beast, like darkness itself, freezes momentarily in each flash blaze and keeps moving forward. Flash photos are the most revealing. They stop time’s endless flow towards oblivion and record to memory poses and groups of people, events that took place in interiors or poorly lit exteriors. Night is suspended in the instant chosen for posterity. Flash photos always look slightly unreal: their inhabitants don’t have daytime attitudes, they aren’t legitimally luminous. They either pose or are caught as offenders.  Weegee, a famous New York nighttime photographer, tuned in to the police and fire-squad radio frequency to get to the crime scenes ahead of everyone and shoot his flash.

In his research, J discovered something essential: each flash charts a concern.  The reverse side of things worth preserving must be exposed. We have to forget in order to survive. Remembering moments selectively only exposes the banal and fatal sides of life. This map generated by flash-worthy events can be thought of as a fresco of social aspirations. But J does not want to say anything in particular about social topography. He is not interested in explicitly discursive viewpoints or commentary. He knows it’s a futile endeavor, that those beings whose photos he robs are merely executing a series of regulations in which the camera is a delimiting agent. J is simply present on the scene of the flash-crime to open his camera/black box.

“Photos of Others” stages a confluence of knowledge of different order: first up is the intersection of the industry that generates devices to satisfy basic mnemonic needs and the more or less professional uses of these devices: tourist and family snapshots, party photos, fashion and celebrity photos, etc. Here the intrinsically commodyfing relationship between spectacle, market and memory in industrial and post-industrial societies is exposed.  The second category is the one the “art” photographer, as opposed to the “documentary” photographer, should be concerned to develop: distinct point of view, skill at finding the “right moment,” the personal, in short, everything that goes with the subjective vision the artist offers as an individual. The two photos, J’s and the other person’s, coexist on light sensitive paper and prevailing darkness consolidates the two.  J quietly reveals something that is as obvious as it is unsettling: the “souvenir,” the “document” and the “work of art” have a common denominator. That revelation resonates in each value system according to context and distribution circuit.

The antropocentric and logocentric obsession of western culture is intrinsically intertwined with the model of representation defined by perspective, embodied in the lens. Let’s examine the camera obscura, which existed for several centuries without an attached lens. Isn’t it just a box with a little opening that allows an image to enter, a hole in which rays of light converge to transmit the image to a receiving plane? In other words, isn’t the camera already a lens?  Perspective’s regulating function in the face of unattainable reality and latent chaos is clear: It doesn’t really matter what’s out there, we know it recedes towards a vanishing point according to an established rule. We aren’t familiar with the topography before us, but we have a system to organize it. Ideally, perspective should eliminate anxiety in the face of the unknown. The lens is the bearer of an a priori truth whose application is demonstrated through use.  It’s an agent of knowledge.

A possible paradigm for perspective is a hallway interrupted at regular intervals, typically by doors. Mr. J’s hallways are photos of perspectives.

In other words, they are photos of lenses (and therefore of cameras). It’s not the absence of figures or the threatening potential of the doors or the ideological implications of the complexes to which the corridors seem to belong that is unsettling. What is unbearable is the smooth, straight presentation of the “camera” device as the mere bearer of a system of representations, with no conclusions. Once again, on the frontiers of the program we face both its paroxysm and its emptying.

“Corridors” and “Photos of Others” are part of a more ambitious project called “Uses of Photography”. It’s a catalog of catalogs. On the periphery of infinity, Mr. J seems to be snaring clusters of rules that are exceptions to everything.  At last: a passionate and enthralling bureaucracy.

Text for the catalog, Museum of Modern Art of Buenos Aires, Argentina, 2001-2

PASILLOS. Por Reinaldo Laddaga, 1999

No puede saberse si hay algo más en las fotografías que exponen estos pasillos que ellos mismos: si hay algo que avance, se agite o permanezca inerte –una persona, una máquina, un espectro, una luz, una nada, una nube, una grieta– en estos interiores sin ventanas, algo que se fugue o se detenga, se desprenda de sí y avance hacia nosotros, en estos corredores que se abren con violencia, o que lo hacen apenas, o se repliegan sobre sí. No es posible saber si allí dentro, en las áreas densísimas de luces y sombras que un blanco interminable comprime (y que son, entre otras cosas, alucinaciones, cada vez diferentes, del interior mismo, y como de la entraña, de la cámara), hay  algo basculando hacia nosotros, o algo que ya se ha mostrado –en el flash, por ejemplo, de la primera visión– y que hemos perdido. En cada una de ellas, de modos diversos, con paciencia y ansiedad, se espera (y en cada una el tiempo persiste, todavía, meses, semanas, días, minutos después de la toma, acumulándose).

En el comienzo de Oppiano Licario, la novela de José Lezama Lima, un grupo de guardias espectrales, en pleno campo, disparan sobre un joven “que abría los ojos desmesuradamente y que aún después de muerto los abría más y más y que todavía en el recuerdo los abre más y más, como si el paisaje entero se hubiera detenido para ir entrando por sus ojos, en la eternidad de la mirada que rompió la cárcel de sus párpados”. Una mirada como esa, que se abre de ese modo aunque no sea sino por los fragmentos de segundo de una toma, hay en el trasfondo de esas imágenes. Por eso, las nervaduras de la sombra y la luz tienen, en la compresión de los rectángulos que pueblan, un carácter de cosa definitiva, final, y, al mismo tiempo, dan la impresión de estar tensándose, imposiblemente, hasta su límite. De ahí que parezca, a veces, enfrentándolas, que, en algún sitio –en ellas, en nosotros–, algo acaba de romperse o está a un paso de hacerlo (la cerradura, por ejemplo, de unos párpados). Por esa razón, o a pesar de eso, hay una exaltación secreta en sus calmas, turbulentas, extensiones.

Texto para catálogo, ICI, Centro Cultural de España, Buenos Aires, Argentina

FOTOS DE NADA. Por Nicolás Guagnini, 1995

Julio va en épocas estivales a su casa en Tigre. Cubierto el cuerpo de paños y ropa, semi-intoxicado por el repelente de insectos y cargando la parafernalia propia de su oficio, se dispone a la captura de nada.

Este ambicioso proyecto propone una anulación del sujeto en pos de la cámara, que hablaría así de sus límites y propiedades. Para que esto suceda debe entrar luz en su interior. La luz –quizás una frecuencia– tiene la insistente propiedad de delatar los objetos, lo que conspiraría contra la nada. Hay que adoptar entonces una estrategia constructiva: la pérdida inmediata de escala y referencias; la ausencia absoluta de narrativa. Circunscripto a este territorio peculiar al fotógrafo no le queda sino la intuición como recurso a sí mismo, reverso nuevamente sustantivo, foto a ambos lados del objetivo. El resultado guarda con la realidad la misma enrarecida relación que sueños y recuerdos.

Estas vegetalias pulsan la superficie del ojo desorganizando el cuerpo del espectador, forzándolo a una reformulación perceptiva. Al recorrer las penumbras voluptuosas la evidente realidad de las hojas colapsa, y en el escudriñar eternamente un momento del paisaje (existente pero construído) la fisura de sentido que esta contradicción propone se torna simple belleza. 

 

LA FOTOGRAFIA EROSIONA EL PAISAJE. Por Gabriel Valansi, 1995

Como la acción del clima, el viento, o la lluvia, el fotografiar un lugar significa erosionarlo, modificar sus formas, reduciéndolo.

Con los años, ciertos lugares irán desapareciendo por el simple hecho de ser fotografiados.

Cuando más fuerte se mire a través de una cámara, cuanto más intenso sea ese mirar, más rápido sucederá este fenómeno.

Los fotógrafos somos los verdaderos depredadores modernos: Es hora que se sepa.

Pronto, fotografías como las de Grinblatt serán el paisaje.

Poblarán salas de espera, galerías y museos.

Serán ventanas al pasado. Y servirán para que en un futuro, alguna madre las observe con su hijo.

Ella dirá –ésto era.

Y él, asintiendo, terminará su pepsi.

(extraído  de “Crónicas Marcianas segunda parte”)

LA PESADILLA DE CARTIER-BRESSON. Por Sergio Vega

La obra actual de Julio Grinblatt sobresale como uno de los enfoques más interesantes en la práctica fotográfica dentro del contexto del arte latinoamericano. Si bien sus series fotográficas parecen estar basadas en taxonomías pseudocientíficas, son el remanente de un enfoque experimental, planeado para desmantelar la posibilidad de la taxonomía misma.

En su serie de pasillos, Grinblatt crea un metalenguaje basado en la teoría del archivo fotográfico. Una serie de pasillos anónimos y modernos presentados en escala muy pequeña como si fueran especímenes “objetivos” científicos. Debido a la manera en que están fotografiadas, las imágenes están tan despojadas de cualquier estilo subjetivo, y el sujeto es tan genérico que el pasillo se interpreta como una metáfora de pasaje sin trascendencia o funciona como un placer formalista que conecta a la fotografía modernista con la abstracción geométrica. De cualquier manera, ya metáfora o estética formalista, los pasillos juntan el acto de la fotografía con el objeto fotografiado con una abarcadora lógica platónica: el rol ritual de la esterilidad, anonimidad, pureza y control como estándar estético de la sociedad moderna.

En su serie “Fotos de Otros” Grinblatt confronta la instantánea social (la forma más banal de fotografía popular) con la teoría del momento decisivo de Cartier-Bresson (el paradigma de la fotografía modernista).

Uno podría decir que Grinblatt se ubica fuera de la escena como un antropólogo documentando la “instantánea” de otro revelando el espacio y tiempo no-decisivo, irrelevante o indigno de ser fotografiado.

El congelamiento del tiempo garantizado por el uso del flash en la fotografía social instantánea, “el momento Kodak”, queda contenido dentro de una larga exposición en donde todo lo que lo rodea se convierte en un oscuro y caótico fondo de un teatro construido: un comentario sobre la artificialidad de la reclamación fotográfica sobre su capacidad de capturar la realidad. Esto resulta en una representación grotesca, un destello aislado de flash sobre las caras de las personas recortadas contra la oscuridad general, sus expresiones vistas de costado, congeladas en el tiempo, perteneciendo ya a la fotografía de otra persona. El momento decisivo de la fotografía modernista encuentra en el trabajo de Grinblatt un desvío a una tierra desconocida, privada del heroísmo de la autoría, insidiosamente revelando las cuerdas y andamios detrás de las escenas, ésos que son el soporte de la “magia” de la fotografía.

JULIO GRINBLATT. Por Kevin Power

 

Julio Grinblatt’s series Pasillos (Corridors) seem like a Kafkian metaphor, or something out of a detective fiction film. The works create and destroy interpretations, increasing the tensions between
 consciousness and reality. These are alluring surfaces because they have an immense familiarity and 
are common to all our experience; at the same time they are surfaces of nothing that falter on the 
brink of utter insignificance. We cannot but project upon them so many awful significances—so
 many footsteps heard, places infused with voices and absence, arrivals and departures, alone and
accompanied.

These are, of course, cinematographic images. One thinks of Hitchcock, but they are also akin
to the film stills that Tessi has used, although they appear more distant and conceptually cooler.
 Grinblatt has frozen time—instead of being a constant forward movement, it has been turned into 
a question, numerous questions about its meaning and the potential of photography itself. Nicolas 
Guagnini writes perceptively of some of the questions raised by the series when he comments:

The anthropocentric and logocentric obsession of western culture is intrinsically intertwined with the reality
 of representation defined by perspective, embodied in the lens. . . Isn’t the camera already a lens? Perspective’s 
regulating fiction in the face of unattainable reality and latent chaos is clear: It doesn’t really matter what’s out
 there, we know it recedes towards a vanishing point according to an established rule. We aren’t familiar with the 
typography before us, but we have a system to organize it. Ideally perspective should eliminate anxiety in the face 
of the unknown. The lens is the bearer of an a priori truth whose application is demonstrated through use—It’s an 
agent of knowledge. A possible paradigm for perspective is a hallway interrupted by regular intervals, typically
 by doors. Mr J’s hallways are photos of perspectives. . . In other words they are photos of lenses (and therefore of
 cameras). Its not the absence of figures or the threatening potential of the doors or the ideological implications of
the complexes to which the corridor seem to belong that is unsettling. What is unbearable is the smooth, straight 
presentation of the “camera device” as the mere bearer of a system of representations, with no conclusion. Once
again, on the frontiers of the program we face both its paroxysm and its emptying.8

I take Guagnini’s point, and feel drawn to the idea that perspective is a device to eliminate angoisse. I
 feel, however, that Grinblatt is talking of negativity and absence, that very same existential fear that
 perspective would wish to eliminate but can’t. Does the series’ repetition neutralize or emphasize 
the tremor of apprehension? Should we think about the way in which the lenses construct reality or
 should we deal with a disturbing minimal statement? The answer is, as usual, both: they are both intriguing concepts. These corridors are full of human whispering and of pregnant silence. They move
towards no climax. They will be walked, but they will return to begin again. Perhaps we need the 
recapitulation of the image to be sure of what is happening–but nothing happens. As in a Samuel 
Beckett novel, the waiting is endless: it is the very nature of things.

These corridors are starkly narrative and talk of our condition. This is a world, a mood, where man
is an irrelevance and where the universe, day after day, engages him in a game of chess. There is a
penetrating and prevailing mystery seeping through the walls and permeating the air in the corridors. The doors, I suspect, open onto an infinite series of doors that constitute yet another perspective. The mystery is irreducible and perhaps of two sorts: the first in the domain of existence that
 permeates these images, the implacable d’être là, and, secondly in the domain of will, the arbitrary
 decision, a sudden event that seems paradoxically imminent. These are images of our waiting for
something, perhaps for anything. The waiting period is tedious but tense. The images need us to
 complete themselves, yet there is no way that they can be completed and we are not there! They are, 
therefore, images of the human predicament.

This is a no-win situation. We can stare or pace up and down, but in the end silence returns. As
Beckett wrote:

It’s to go silent that you need courage, for youll’be punisbed for having gone silent, and yet you can’t do otherwise 
than go silent, then be punished for having gone silent.9

I have realized in the process of writing this essay that all of these works share a certain stance to 
reality: they create zones of narrative intention where the images have the power to claw. These
 artists have all pushed back inside themselves and found bittersweet, ironic echoes, from Prior’s
 assertive and expressive teddy bears to Grinblatt’s long corridors of tensioned emptiness (or passages between hells); from Mondongo’s pornographic fast food and perverse fairy story which, at 
a secondary level, read as metaphors for the corruption and double standards of Argentine society, 
to Tessi’s poetic bending of what he has downloaded from the Internet; and from Iuso’s vulnerably
affirmative “Iusonism” to an all-pervading silence.

These artists all work with a poetics of the everyday marked by irony a lightness of touch, intense 
perception, critical spirit, ambiguity, laughter, and superposed stories that never close on any final
 reading to create moving, telling, and often vulnerable images of the self.

1. I have taken this quote from Marcelo Pacheco and Jorge Gumier Maier, Artistas Argentinos de los 90, 
(Buenos Aires: Fondo Nacional de las Artes, I999). None of the artists I have chosen were given a
 place in this publication, but this should not be seen as a signal of different criteria because the two critics acknowledge in their introductory text that they have concentrated on artists from the first part of 
the 1990s, the artists discussed here— with the exception of Prior, who belongs to the eighties—have
 emerged in the late nineties.
2. Nathalie Sarraute, Tropisms (New York: George Braziller, I963), p. 6.

3. Franz Kaflta, Diaries 1914-23 (New York; Schocken, I965), p. I32.
4. Hector Libertella, La Librería Argentina – (Buenos Aires, Alción Editora, 2003), p. 60-61.
5. Alfredo Prior, Introduction to Juan Filloy, La Purga (Buenos Aires: El cuenco de plata, 2004), p. 22-23.
6. Francis Picabia in Hans Richter, Dada: Art and Anti-Art (London: Thames and Hudson, I965), p. 76.
7. John Barth, Lost in the Fun Home (New York: Doubleday, I968), p. 106.
8. Nicolas Guagnini, Julio Grinblatt, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Buenos Aires: 2001-2002).
9. Samuel Beckett, The Unnamable (New York: Grove Press, I958), p. 151 .

Excerpt from Catalogue text of : From B.A. to L.A. Track 16, Los Angeles, CA, US

Publicaciones

Julio Grinblatt/Fotos. Libro de artista, 2016. Edición de 6 + 3 PA

El hombre frente a su torta de cumpleaños, Blue Sky Gallery, Portland, Estados Unidos, 2006

Ruth Benzacar Galería de Arte
Juan Ramírez de Velasco 1287
Buenos Aires, Argentina

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